UNA CABELLERA QUE SE VOLVIÓ CASCADA

 

UNA CABELLERA QUE SE VOLVIÓ CASCADA

 

La india Maroya bajaba al monte todas las noches desde la luna para bañarse en las ondulantes aguas del Hanabanilla, que corre entre las lomas del Guamuhaya. En cierta ocasión Arimao, joven y apuesto guerrero, la descubrió casualmente en su baño nocturno, y se quedó admirado de su belleza; sobre todo de su larga cabellera, que le corría por la espalda hasta perderse a lo lejos flotando sobre las aguas del río. Desde ese momento, el joven quedó hechizado por aquel encanto de mujer. No había dudas: estaba enamorado. Por eso juró luchar con todas sus fuerzas por alcanzar el amor de Maroya.

Noche tras noche la vigilaba desde un montecito; pero la joven, al más leve ruido, escapaba al cielo en un rayo de luna. Sin embargo, en una de esas ocasiones en que el guerrero se aproximaba para contemplarla, no pudo soportar más sus deseos, y como un loco se abalanzó sobre ella, y esta vez la joven no pudo escapar. Ya en sus brazos, Maroya, muy asustada, le dijo:


¿Quién eres, hombre malo o bueno?

              

              Y él, sin soltarla ni por un instante, le respondió:


Soy Arimao, jefe guerrero de esta región.


No me hagas daño, por favor – le respondió ella en tono suplicante.   

Daño no te haré. Sólo quiero que me ames como yo te amo a ti.

 

Y cuando la india hizo ademán de escapar, Arimao la apretó con mucha más fuerza contra su pecho. Y así, ambos comenzaron a subir al cielo, envueltos en un rayo de luna. Pero en el ascenso, la india se fue despojando de su pelo.

Aquella inmensa cabellera, cuya punta llegaba al nacimiento mismo del río, quedó serpenteando entre las montañas, y se precipitó en una impresionante cascada que desde entonces todos llamaron Salto del Hanabanilla. (1)

 

Obras del autor citadas:


(1) El rescate y difusión de la literatura de transmisión oral del Escambray Cienfueguero. (Mecanuscrito) U. Cfgos., 1996 (p.p. 67-68). 

 

Tomado de: Revista Electrónica Calle B Publicación Cuatrimestral de la Dirección Municipal de Cultura de Cumanayagua.


Escrito por: Orlando V. Pérez Cabrera (Cumanayagua, 1950). Master en Ciencias de la Educación. Poeta, narrador e investigador sobre temas de la Comunidad. Ha publicado, entre otros, el poemario A la espera del hijo pródigo.

 

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