Unas tentativas de mejora condenadas al fracaso

 

PROBLEMAS Y REFORMAS:

DE LA COLONIA FERNANDINA DE JAGUA

A LA VILLA DE CIENFUEGOS

 

Capitulo 7: Unas tentativas de mejora condenadas al fracaso.

 

          Desde 1819, varias peticiones y propuestas de mejoras para la Fernandina de Jagua habían sido elevadas por De Clouet a las autoridades coloniales, pero aparecían esporádicamente a lo largo de la correspondencia del jefe de la colonia.

          El primer texto exclusivamente destinado a mejorar el estado de la Fernandina fue escrito por el propio fundador-gobernador el 1 de septiembre de 1826. Se componía de “17 medidas para el desarrollo y prosperidad de la colonia” y era dirigido a las autoridades coloniales, tanto en Cuba (Capitán General y Junta de Población) como en España (directamente a la persona del Rey, despachándose la propuesta al Ministerio de Gracia y Justicia).

          Lo primero en exigirse era “que se cumpla religiosamente lo acordado por el Gobierno de La Habana en ocho de marzo de mil ochocientos diez y nueve, aprobado por V.M.”, debiéndose tener en cuenta las rectificaciones expuestas en los artículos siguientes.

          Para demostrar su total entrega al poder real, De Clouet declaraba renunciar a la exención de los derechos de almojarifazgo[1] para que estos contribuyen a sacar a flote las finanzas de Fernando VII. El ascenso social de aquél que se definía como un “buen realista español borbónico” dependía en gran parte de este tipo de “sacrificios”, aunque De Clouet lo recuperaría por otra parte, sea con la adquisición gratuita de terrenos cultivables y su posterior venta, las expoliaciones de todo tipo dentro de la colonia, o conduciendo su ingenio, el todo formando un negocio muy rentable.

          En 1825, lo sabemos por el informe de una comisión de control enviada a la colonia, De Clouet se había autoeximido del pago de las tasas sobre una importación de harina que le era destinada. Como justificación alegaba el defraudador que el valor de las tasas era equivalente a la fortuna que había dejado al salir de Luisiana. En realidad, esta cantidad había sido trasladada directamente a Burdeos, tal como lo confirma un informe del Consejo de Indias en 1829.

          Los colonos eran los que mas necesitaban de la ayuda pública y De Clouet preveía medidas a este efecto. Pedía que la ración alimentaria cotidiana durase un año en vez de seis meses, así como la instauración de una ayuda financiera y la exención de derechos de importación para los productos de primera necesidad durante dos años. Es evidente que los colonos no podían, en tan solo seis meses, roturar sus tierras, sembrar, construir su casa y mantener a su familia.

          El fundador proponía adelantar todos los gastos: transporte y alojamiento provisional de los colonos, construcción de los edificios públicos y de los almacenes de mercancías, así como los sueldos de los empleados públicos. También se reservaba el derecho de elaborar los reglamentos locales, entre otros el de policía. Tal confusión entre financiación privada y gobernación de la colonia suponía para De Clouet la confirmación de un poder ya casi ilimitado. Las consecuencias no tardarían en hacerse sentir. A principios de la década de 1830, De Clouet era de nuevo denunciado por haber utilizado, a fines totalmente personales, piedras destinadas a la construcción de la iglesia de la Cienfuegos...

          El fundador, también consciente del estado de las finanzas españolas, se reservaba como contrapartida “ para sus citados reembolsos el censo de las tierras que han de pagar los nuevos pobladores, derechos de Aduanas Reales y Municipales, y los demás de pulpería que han de pagarse en la mencionada colonia de los efectos que se introduzcan por mar en la bahía de Jagua”. También exigía un 12 % de interés sobre el préstamo por él concedido, alegando que era la tasa en curso en La Habana.

          Pero el punto mas conflictivo de las propuestas de De Clouet era el de los limites de la colonia, visto que varios agrimensores habían sido llamados tanto por De Clouet como por sus opositores para que estos limites correspondan a sus respectivos deseos e intereses. De Clouet, pues, reclamaba el reconocimiento de los limites trazados por su amigo Honorato Bouyon para poder seguir con la distribución de tierras entre los colonos. Esta versión de los limites de la colonia, de unas 250 leguas de perímetro (702,25 km2) – contra las 600 leguas inicialmente previstas por la contrata de 1819, pero a las que De Clouet había renunciado para no avivar mas las divergencias con Trinidad - entraba en contradicción con la de Félix Lemaur, otro agrimensor que había efectuado el mismo trabajo, pero esta vez teniendo en cuenta las exigencias de Agustín de Santa Cruz y del grupo de presión de Trinidad. Félix Lemaur estaba acusado también por De Clouet de haber ocultado los resultados de su informe final sobre los limites. Sabemos por J. Pérez de la Riva que en 1827 la colonia se extendía sobre una superficie de unos 75 km2. El proyecto de Bouyon preveía pues una zona agrícola de mas de 600 km2, cifra que rápidamente sería obsoleta, el censo de 1846 indicándonos que Cienfuegos cubría en esta fecha una superficie de 6669 km2. La expansión prevista, aunque modesta y debiendo aplicarse a una colonia de tamaño aún reducido, chocaba de lleno con la de Trinidad. Además, Bouyon había escrito en su informe la utilidad de instalar ingenios de azúcar en la zona rural ampliada, proponiendo la cifra astronómica de 300.

          Los colonos de Jagua, sobre todo los recién llegados, eran las primeras víctimas de estas dificultades para determinar las fronteras de la colonia. La distribución debía hacerse lo antes posible, pues la especulación ya había hecho subir los precios de 10/20 pesos la caballería en 1819 a 500 pesos en 1826. De Clouet, anticipando la reacción de sus vecinos, proponía finalmente que se pidiera el titulo de propiedad de todo hacendado que protestaría contra la atribución de tierras a la colonia.

          Para cultivar las tierras, De Clouet pedía que se le autorice a extraer familias originarias de Canarias, revelando así su voluntad de ver la colonia convertirse en un nuevo centro agrícola colonial, privilegiando el cultivo de la caña – en el que los canarios eran expertos – sobre los destinados a una diversificación agrícola, tal como era previsto en el proyecto inicial de fundación. Condujo esta evolución a una sustitución progresiva de la pequeña propiedad, mayoritaria en la Fernandina en los principios de su existencia, por grandes haciendas. Consecuencia directa de este proceso, muchos colonos pasaron de la condición de pequeño cultivador propietario de su tierra a la de jornalero en las grandes haciendas.

          En vistas a esta prosperidad que De Clouet deseaba tanto para la Fernandina y su fortuna personal, el autor de las 17 medidas proponía cambiar el nombre de “colonia Fernandina de Jagua” por él de “Villa de Cienfuegos”. 

          Estas 17 medidas presentadas por Louis de Clouet a las autoridades pasaron por el Consejo de Indias que, el 12 de febrero 1827, aprobó su contenido. La reducción de los limites de la colonia, coincidiendo con la propuesta de Honorato Bouyon, era vista como una sabia decisión, considerándose el cese del conflicto entre la Fernandina por una parte y Trinidad, San Juan de los Remedios y Villa Clara por otra, como una cuestión prioritaria. Una Real Orden, la del 22 de abril de 1827, daba el visto bueno para la aplicación de las medidas propuestas por De Clouet. La financiación de la consolidación de la colonia, en su parte pública, debía ser objeto de una reunión urgente de la Junta de Población. Asimismo, la Orden deploraba la perdida de los recursos de la trata negrera en 1820. Para compensarlo, se contemplaba la posibilidad de crear un impuesto suplementario  sobre la exportación de productos desde Cuba. En cuanto a De Clouet, se le confirmaba como jefe de la colonia, aunque se matizaba “que el asunto de la población no se ha de reputar como personal de su Fundador y promovedor D. Luis de Clouet, y sí propio del Estado”.

          La Orden, en un primer momento suspendida para que las autoridades cubanas y el propio De Clouet dieran su opinión sobre ella, fue finalmente enviada a todas las autoridades competentes el 27 de marzo de 1828. En el intervalo, el Consejo de Indias revisó toda la información de la que disponía sobre la Fernandina. La conclusión a su reflexión fue de denunciar al periodo del Trienio Liberal como principal causante del adelanto reducido de la empresa de colonización. Demuestra con que profundo desfase las autoridades peninsulares abordaban las realidades cubanas, las mismas que las se pretendía cambiar con la colonización blanca. El poder político, lo tenía ya la oligarquía plantadora y comerciante de Cuba, no la Corona española. De Clouet lo había entendido y quería incorporarse a ella, a pesar de su devoción aparente a la monarquía borbónica. 

          Entre 1829 y 1832, la Corona española trató, en vano, de resolver los problemas de la colonia Fernandina. El 25 de mayo de 1829 se publicaba el último texto oficial tratando de la colonia como tal. La Real Cédula, impulsada por el Consejo de Indias, concedía nuevamente todas las ventajas previstas para los nuevos colonos. De Clouet, por su parte, se veía confortado en su puesto de Gobernador político y militar de la plaza. Obtenía también el derecho de pasar sus funciones a su hijo Alejandro. La respuesta a su petición para obtener el título nobiliario de Conde de la Fernandina de Jagua quedaba en manos del Consejo de Indias, invitado a pronunciarse lo antes posible.

          En realidad, la Cédula se diferenciaba del resto de las resoluciones tomadas en los diez años de la fundación de la Fernandina de Jagua por tan solo dos medidas.

          La primera era, lo dijimos, la conversión de la colonia Fernandina en Villa de Cienfuegos, tal como lo había propuesto Louis de Clouet. El título de “Villa” se otorgaba generalmente a núcleos urbanos a partir de 2000 habitantes, como reconocimiento de una cierta importancia, sea política, económica, militar, etc.... Se singularizaba por la concesión de privilegios propios a la ciudad, en algunos o en todos los ámbitos: exención de impuestos, derechos particulares, administración propia, ... Gracias a la concesión del título de Villa, Cienfuegos pudo disponer de su propio ayuntamiento, formado por el Alcalde Mayor (Antonio Prieto, amigo de De Clouet), los Alcaldes Ordinarios, un Alcalde de la Santa Hermandad, un Regidor Alférez Real, los Regidores Sencillos, un Alguacil Mayor, un Fiel Ejecutor, un Decano, un Sindico Procurador General, un Mayordomo y un Escribano. El barrio de Cienfuegos era capital de todo el territorio de su jurisdicción, incluido la zona rural de la colonia.

          Otro punto destacable de la Cédula era la creación de una comisión de seguimiento y supervisión para la aplicación de las reformas. Esta comisión se componía de Francisco Arango y Parreño, entonces Ministro del Consejo de Indias de Fernando VII, Francisco de Paula Vilches, ex Gobernador de Guatemala recién emigrado a Cuba, y Josef Hipólito Odoardo, juez civil de la Audiencia de México, también emigrado a Cuba por los acontecimientos que sacudían el imperio español. Juan Ignacio Rendon, juez honorario de Cuba, era suplente, ya que la suplencia no se podía aplicar a Arango, siendo éste el único miembro que conocía la colonia Fernandina desde su creación. La comisión se debería financiar vía la Junta de Población, mientras que ésta también estaba en busca de fondos para su propio funcionamiento.

          El problema de la financiación surgió inmediatamente. El 30 de septiembre de 1829, Arango escribió al Consejo de Indias para comunicarle que la comisión ya estaba formada y a pie de obra, pero que no sabía como con que pagar su Secretario, Anastasio Carrillo. El 30 de enero del año siguiente, Arango manifestaba nuevamente “la imposibilidad en que la comisión de desempeñar su encargo del modo que se desea, sino se facilitan los caudales necesarios”. Los comisarios, ante el rechazo de Cienfuegos a poner a contribución las aduanas del puerto, tenían que pagar ellos mismos sus viajes a la colonia. Arango insistió y pidió que “no teniendo con que pagar ni el papel en que se escribe, se mande poner a disposición de la Comisión el sobrante de las rentas de la colonia”. ¡Las dificultades del tesoro real obligaban la comisión de control a pedir ayuda a la colonia que debía controlar! En el otoño de 1830, el ayuntamiento de Cienfuegos acabó concediendo finalmente los fondos necesarios al trabajo de dicha comisión (4800 pesos). El caos administrativo de las colonias españolas también se hacía sentir. Asimismo, las ausencias de los comisarios eran mas que frecuentes, debido a la acumulación de cargos a la que debían hacer frente. En las primeras semanas de 1832, tan solo el comisario suplente Rendon quedaba en la comisión. Vilches había sido nombrado a la Audiencia de Puerto Rico, Odoardo a las finanzas de Santiago de Cuba, y Arango estaba poco disponible por causa de sus numerosas actividades y funciones oficiales.

          El 16 de Julio de 1832, Arango pidió finalmente la disolución de la comisión y Cienfuegos, a pesar de una autonomía de hecho bastante grande, pasó a ser de nuevo supervisada por la Junta de Población. Arango, en un último comentario bastante patético porque ya casi anacrónico, pedía a las autoridades coloniales que “la Junta cuide del fomento y prosperidad de la colonia con el aumento de gente blanca, que fue el objeto de su fundación” ...


[1] Derechos de aduana de origen arabe que se aplicaban sobre la importación y exportación de productos, incorporados al reino de Castilla, luego en el imperio español para extenderse hasta al comercio interamericano.

 

 

Conclusión

Asociacionismo de la Emigración Española a Cienfuegos en el Siglo XIX

 

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