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Los
Siboneyes de Jagua
Se cuenta
que los siboneyes de Jagua sostenían guerras con los habitantes de las
islas del sur, porque venían a secuestrarles a sus hijas y mujeres, que
eran muy bellas e inteligentes, fuertes, ágiles y entendidas en cultivos
y tejidos de redes, hamacas y taparrabos (pues los habitantes de Jagua no
andaban desnudos). También estos enemigos suyos, les robaban sus frutos;
y de los criaderos que tenían en la ensenada de Las Calabazas, que ellos
llamaban de los Güiros, les robaban sus careyes y tortugas.
Cree
Los
siboneyes de Jagua rendían culto a sol, al que llamaban Huion, y la luna,
a la que llamaban Maroya, a quienes dedicaban las primeras fiestas de luna
llena.
Creían
que el sol era el padre del primer hombre, que era Hamao, y la luna la madre de la primera mujer, Guanaroca.
Hamao y
Guanaroca tuvieron un hijo llamado Imao, mas Hamao, por celos, una noche, aprovechando el sueño
de Guanaroca, cogió al tierno infante y se lo llevó al monte. El
calor excesivo y la falta de alimento produjeron la muerte de la débil
criatura. Entonces el padre, para ocultar su delito, tomó un gran güiro,
hizo en él un agujero y metió dentro el frío cuerpo del infante,
colgando después el güiro de la rama de un árbol.
Cuando Guanaroca lo encontró, se le cayó el
güiro de las manos, rompiéndose, y de él salieron tortugas y
peces que formaron, las tortugas, los cayos del puerto y la península de
Majagua; y los peces, los ríos Caunao, Sabao (Salado) y Bamují (Damují).
Guanaroca lloró tanto que sus lágrimas formaron la laguna de Guanaroca.
Después
Guanaroca tuvo otro hijo, que se llamó Caunao, y cuando era hombre la
luna le envió de compañera a Jagua.
Guanaroca
nada más tuvo hijos y Jagua hijas, y de ellos descendían todas las
personas del mundo.
Creían
que en una lucha con un monstruo marino, la tortuga, que había formado a
la península de Majagua, perdió una pata, que formo Cayo Loco.
El nombre
de Jagua significaba principio, fuente y riqueza, y esta Diosa había enseñado
a los siboneyes la caza, la pesca y la agricultura. El altar de la diosa
Jagua era un árbol de jagua rodeado de piedras que estaba, en aquella época,
en una lomita que había entre las calles de Santa Cruz, Santa Elena y
Hourrutiner y De Clouet.
La
Majagua era un árbol sagrado cuyas semillas de color negro fueron
entregadas por el Cemí de la diosa Jagua al behique. Las
semillas, eran un amuleto contra el olvido y la infidelidad; que las
mujeres sembraron en sus huertos para cuando estas florecieran,
cesarán sus inquietudes y congojas, obteniendo de nuevo el cariño de sus
novios y esposos quienes solo tenían ojos y oídos para la incomparable
Aycayia. Estas semillas
dieron origen al árbol conocido hoy con el nombre de Majagua o
Demajagua, que significa de Madre Jagua, cuyas hojas, flores y madera son
consideradas desde aquel entonces como amuleto o preventivo de la
infidelidad conyugal.
Los
Cementerios de los indios tenían forma de cono truncado y se llamaban
caneyes.
Había uno en Punta Cueva y otro en Zapata.
El bagá
era un fruto sagrado que ellos ofrendaban a los muertos.
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