Rey de la selva en sabana de asfalto

 

Rey de la selva en sabana de asfalto 

Por Francisco G. Navarro

 

              Media docena de leones apenas alcanzan para formar una pequeña manada, pero si el grupo cambió la selva o la sabana por una plaza, un paseo y un hotel cubanos, bien merece una crónica.

              Los cuatro leones de mármol y dos de hierro habitantes de la ciudad portuaria de Cienfuegos, en el centro-sur de la mayor Isla del Caribe, permiten a los niños un primer acercamiento a la majestuosidad del rey de la selva sin esperar el arribo del próximo circo ambulante.

              En la paciente quietud de los minerales, los felinos cienfuegueros evitan también a los infantes la necesidad de un quimérico viaje hasta los parques nacionales de Gir (India), Serengeti (Tanzania) y Kruger (Sudáfrica), únicos santuarios que perpetúan la especie panthera leo en los albores del Tercer Milenio.

              La más antigua de las tres parejas llegó a la villa de Cienfuegos en 1862, cuando aún los Reyes de España dudaban en concederle a la población el título de ciudad, regia decisión tomada al fin en 1880.

              Todavía persiste entre los historiadores locales la duda sobre el lugar de procreación de esos primeros felinos, pétreos guardianes de la entrada Este de actual parque José Martí desde 1925, pues con anterioridad sólo uno estaba en esa posición y su compañero en la antípoda de la antigua Plaza de Armas.

              Para unos especialistas los genes marmóreos de los leones del parque de Cienfuegos proceden de las ilustres canteras italianas de Carrara, mientras otros los ubican en la mítica Florencia, en tanto como cuna de las esculturas indican indistintamente a talleres de España o Inglaterra, estados a cuyos escudos nacionales el rey de la selva prestigia con su fuerza y vigor.

              Lo cierto es que el lugareño Emilio Fernández Cabada, hermano de dos generales independentistas, los compró en Nueva York por encargo del gobernador local, coronel José de la Pezuela, y fueron las primeras esculturas en el mobiliario urbano de la incipiente y décimonónica Cienfuegos.

              La imagen de los felinos de la plaza, erguida y dominante como si acecharan en medio de la sabana, resulta hoy una de las más socorridas por la publicidad del producto turístico de la antigua villa Fernandina de Jagua.

              En el orden cronológico le sigue el dúo de leones de hierro que preside el alto portal de una casona del Paseo del Prado, la de los Gobernadores para unos, la vivienda de una enigmática condesa, según otros.

              Lo cierto es que la señorial edificación albergaba al Círculo de Artesanos en 1871 y por esa fecha ya los leones imponían respeto en el portalón elevado sobre el nivel de la calle.

              Muchos campesinos de principios del pasado siglo tenían en la Casa de los Leones un punto focal de referencia para orientarse durante sus esporádicas incursiones a la ciudad.

              La tercera pareja habita hoy en el más lujoso sitio de Cienfuegos, junto a la piscina del recién restaurado hotel La Unión, pero su residencia inicial fue la farmacia de La Purísima, donde sus fuertes lomos de mármol fueron el mejor sostén del mostrador encontrado por el dueño del establecimiento.

              Ambos felinos, réplicas casi exactas de los del parque, transitaron luego por una imprenta y un modesto salón de recreo hasta llegar a su entorno actual, no tan bucólico como el peñón del Rey León de Disney, pero con la misma dosis de privilegio y encanto.

              La pequeña manada urbana de Cienfuegos podría ser echada a menos por quienes apelen a la majestuosidad de sus congéneres de bronce que cuidan el mundanal Paseo del Prado, en la capital de la Isla, pero lo que muchos ignoran es que hay algo de cienfueguero en el origen de los leones habaneros, para cuyo nacimiento fue necesario la fundición de varias baterías de cañones españoles al final de la dominación hispana en la mayor de las Antillas.

              Y precisamente una de esas baterías que rindieron su bélico orgullo al tronar de la fragua, antes de felino melenudo fue cañón defensor de los muros del Castillo de Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua. el símbolo por excelencia del Cienfuegos de ayer, de hoy y de siempre.

Tomado de: Revista Cuba Internacional

 

Costumbres de Pasear en Cienfuegos

Parque José Martí

Asociacionismo de la Emigración Española a Cienfuegos en el Siglo XIX

 

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