Pasacaballo

 

Pasacaballo  

 

            Hace muchos años un marino japonés tocó puerto en la ciudad de Cienfuegos y, le agradó tanto la Perla del Sur, que aquí se quedó para siempre. Trabajó en las duras faenas del Muelle Real y allí gustaba de hacer apuestas para demostrar quién podía estar más tiempo bajo el agua o llegar hasta el máximo de profundidad.

            Cuentan que una vez, en Pasacaballos, en la orilla que da hacia el Castillo de Jagua, probó suerte a buscar una moneda de oro que había caído prisionera de la profundidad. Su cuerpo atlético, con rapidez, se perdió en las límpidas aguas en busca del trofeo y so pena de verdadera prueba de inmersión en apnea.

            Pasaron dos largos minutos y los curiosos empezaron a mirarse. De improviso vieron el cuerpo del japonés que se aproximaba desesperadamente a la superficie y al coger una gran bocanada de aire, sus ojos estaban casi fuera de las órbitas. Gritó estentóreo: ¡CABALLO! ¡CABALLO! ¡CABALLO! ¡CABALLO, GRANDE!

            Recuperó la respiración, pero no quitaba la vista de las aguas y no dejaba de decir que allí, debajo de la corriente líquida, había un caballo gigante. El japonés enloqueció y se supone que por efecto de la presión del agua, vio un caballito de mar convertido en descomunal corcel. Él tuvo que vivir de la caridad pública y no se separó jamás de las orillas a la entrada de la bahía en Pasacaballos, sobre todo en las tardes.

            En ocasiones el japonés devenido cienfueguero se ponía frenético de locura señalando las aguas y muchas personas, al igual que él, llegaron a escuchar los cascos de un enorme caballo que, allá, en la profundidad, cabalgaba a gran velocidad.

 

Leyendas de Cienfuegos

    Jagua        Aycayia        Azurina        Guanaroca        Las Mulatas        La Dama Azul

La Bella Durmiente        La Venus Negra

El Grito del Caletón        El Combate de la Piraguas        Una Cabellera que se Volvió Cascada

 

Arquímedes Pous

El Himno de Cienfuegos

 

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