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PROBLEMAS Y REFORMAS: DE LA COLONIA FERNANDINA DE JAGUA A LA VILLA DE CIENFUEGOS Capitulo
6: Los obstáculos al desarrollo de la colonia
Los obstáculos al desarrollo de la colonia pueden
dividirse en dos tipos: por una parte, los propios planteamientos del
proyecto de la colonia y las dificultades que aparecieron por causas
“internas”, y por otra, los que surgieron a raíz de las características
de la sociedad y economía cubana en la que estaba sumergida la colonia
emergente. Vimos previamente las carencias que existían en el proyecto y
puesta en marcha de la Fernandina en sus primeros años de existencia.
Queda por analizar ahora el papel que jugaron las distintas fuerzas
sociales en las limitaciones de la empresa. Hay de especificar que la mano
de obra esclava no puede incluirse en las fuerzas que consiguieron ser
“activas” en Cienfuegos, siendo nulas las referencias relativas a ella
en los documentos utilizados, lo que nos deja suponer que no constituyeron
un freno al avance de la colonia, sea por eventuales revueltas o, como lo
hemos visto anteriormente, por su presencia que era mas bien limitada en
la primera década de la colonia.
Uno de los factores de retraso en los avances de la
colonia era la complejidad de las delimitaciones eclesiásticas, político
militares, financieras y jurídicas implantadas en Cuba por la España
colonialista.
Para los asuntos religiosos, Jagua dependía del Diócesis
de La Habana. Los asuntos político militares eran competencia de las
autoridades del distrito de Cuatro Villas (que englobaban también
Trinidad, Santo Espíritu, Villa Clara y San Juan de los Remedios), estas
dependiendo a sus vez de La Habana. A nivel jurídico, la Fernandina
dependía del única Audiencia de Puerto Príncipe, al igual que para los
asuntos económicos, Puerto Príncipe siendo también una de las tres
capitales que abrigaban una Intendencia. Esta complejidad administrativa,
sino influyó directamente sobre la marcha de la colonia, sí que impidió
numerosas veces que las quejas y peticiones presentadas por los colonos
sean tratadas a tiempo. El aislamiento de hecho al que tenía que hacer
frente la colonia permitió a los grupos de poder locales inmiscuirse en
los asuntos de la colonia, sea legal o ilegalmente.
Los numerosos correos del fundador De Clouet respecto
a la falta de respaldo en la que se encontraba nos ofrece un amplío
panorama, aunque parcial, de los conflictos de intereses que acompañaron
la creación de la Fernandina. Los colonos, por su parte, y a pesar de
constituir, después de los esclavos, el grupo social mas débil, tampoco
se quedaron siempre indefensos. Algunos de ellos no dudaron en quejarse a
las máximas autoridades de Cuba del trato que les estaba reservado,
incluso cuando el autor de sus desavenencias era el propio De Clouet.
Ya el 8 de abril de 1820, menos de un año después
del inicio de la fundación, el Intendente de La Habana hacía llegar a
los despachos del rey Fernando VII una información en la que se
mencionaban abusos de poder por parte de De Clouet. Eran 17 los colonos
que acusaban al fundador de violencia, sin especificar la naturaleza de
esta. Poco después, coincidiendo esta decisión con una convocación por
las autoridades habaneras y el inicio del Trienio Liberal en España, De
Clouet abandonó la colonia, a pesar de que la nueva Diputación
Provincial le mantuviera en su cargo por decisión del 5 de agosto de
1820. Habiendo terminado el periodo liberal en la metrópoli, De Clouet
reanudó con sus funciones de fundador-gobernador en 1823.
Tres años mas tarde, empezaba el calvario del colono
Bernardo Díaz, cuyo expediente llegó hasta Madrid, tales fueron las
consecuencias políticas de sus sucesivas desgracias. Díaz, en una de sus
quejas, decía de De Clouet: “ Este
Sor. no solo lleva muy mal que cualquiera deje de aprobar sus
arbitrariedades, sino que valiéndose de pretextos frívolos, persigue con
encarnizado enojo al infeliz que procura defender sus derechos”.
Originario de La Rioja, Bernardo Díaz era escribano
de profesión. Conoció a De Clouet cuando este último estaba en Madrid,
en julio de 1826. El fundador de la Fernandina le propuso unirse a la
empresa, comprometiéndose en reservarle el puesto de escribano titular de
la colonia y el sueldo correspondiente de 30 pesos mensuales, además de
pagarle el viaje hasta Jagua y la comida. La única condición para la
concretización de la oferta era que hubiera finalizado la distribución
de tierras en la colonia para la entrada en funciones del nuevo colono.
Tras varios meses de espera, Díaz se despidió de sus padres y partió
para Burdeos, donde 200 colonos mas esperaban la orden de salida para
Cuba. Allí tuvo que esperar dos meses suplementarios, meses que De Clouet
aprovechó para contratarle como secretario personal. Entre los trabajos
que efectuó, Díaz redactó un panfleto destinado al Rey, al Consejo de
Indias, al Ministerio de Guerra, a los infantes Carlos y Francisco de
Paula, al Conde de Ofalia, embajador de España en Francia, y a “otros súbditos tanto en España como en Cuba”. Llegado a Cuba en
enero de 1829, el panfleto era una denuncia de las actuaciones conjuntas
de las autoridades y oligarquía cubanas, siendo el blanco principal de
las acusaciones el propio Capitán General de Cuba Dionisio Vives. Además
de la de De Clouet, figuraban en el documento varias firmas – muchas
falsas según Díaz - de hacendados europeos
de Cuba. En Jagua, pues, también se había plasmado el conflicto
criollos/europeos que agitaría todo el siglo XIX cubano. Al difundirse el
panfleto en buena parte de la isla, Vives tuvo que defenderse oficialmente
de las “mas atroces calumnias contra [su] conducta y providencias de [su]
Gobierno”.
Pero volvamos al colono Díaz. Después de la ayuda
– de carácter profundamente político – que procuro a De Clouet en
Francia, se embarcó finalmente por Cuba, con 130 pesos procurados por su
“protector”. Llegados los colonos a La Habana, De Clouet le aconsejó
entonces de no aceptar ningún empleo durante la estancia en la ciudad, y
de esperar él que le proporcionaría en Jagua. Le invitaba a ir a la
Fernandina, donde beneficiaría de las mismas ventajas concedidas al resto
del contingente colonizador. De Clouet ofrecía a Díaz, a parte de las
ventajas convencionales, la posesión de una o dos caballerías mas, que
el mismo adquiriría para su protegido. También le proponía De Clouet
sumarse al equipo formado por él y por el ingeniero Bouyon para la gestión
de su ingenio. El fundador decía ofrecerle todo esto en compensación de
las promesas que no había podido cumplir hasta el momento. Pero ¿como no
ver en la actuación del fundador una clara tentativa para comprar el
silencio del colono sobre el asunto del panfleto?
Díaz, como es de entender, no tardó en darse cuenta
del engaño. Disponiendo de ningún empleo en la colonia, empezó
finalmente a dedicarse al enseñanza a los niños de la colonia. Tras un
mes en su nuevo cargo, le visitó nuevamente De Clouet, esta vez para
reclamarle los 130 pesos que le había dejado para su viaje hasta Jagua.
El fundador-gobernador le daba seis meses para efectuar el reembolso. A
finales de 1829, cuando Díaz volvió a presentarse ante De Clouet para
reclamar el pago de 25 pesos que le debía el Consejo de la Villa por las
clases dadas. Confundiendo los asuntos de la colonia con los suyos, De
Clouet le denegó la cantidad que se le debía a Díaz, recordándole que
había contraído una duda de la que le quedaba por pagar 31 pesos. En
este arbitrario rechazo, el fundador era respaldado por el Alcalde de
Cienfuegos, Antonio Prieto, recién nombrado y del que Díaz decía que
era la “hechura y [el] compadre” de De Clouet. Amenazado de
encarcelamiento, el colono español Estaban Díaz devolvió los 31 pesos
que debía.
Sin embargo, el “caso Díaz” no paró con la
devolución del dinero. Todo lo contrario, pues se inició lo que podríamos
definir como la recuperación del caso a fines político-judiciales y
financieros.
Desde los inicios de la fundación de la colonia
Fernandina de Jagua, varios sucesos habían ocurrido, dejando trasparentar
las disensiones entre, de un lado De Clouet y sus seguidores, del otro,
varios hacendados influyentes teniendo posesiones en la región de Jagua y
apoyos en toda Cuba.
Díaz, después de su derrota en su pulso con De
Clouet, fue contratado como secretario por José de Comas, hacendado que
reclamaba los 27380 pesos que le debía la colonia y una compensación por
la requisición a fines públicos de un camino de su propiedad.
José de Comas formaba parte del “clan” de los
hacendados – muy probablemente esclavistas a ultranza -
opuestos desde sus inicios a la fundación de la Fernandina, cuya
cabeza no era otra que Agustín de Santa Cruz, el propietario frustrado[1]
de las primeras tierras cedidas a la colonia.
Otro miembro del clan era, según De Clouet en cartas
de 1826, Tomas Romay, una de las figuras mas destacadas de la oligarquía
cubana. Médico-cirujano de profesión, regularmente llamado al servicio
de la familia real española, hacendado-comerciante “ilustrado” de los
mas influyentes, miembro honorario de la Real Sociedad Patriótica y, como
no, miembro de la Junta de Población, Romay se había pronunciado varias
veces contra el proyecto de colonización de Jagua, considerando que “las
gracias acordadas a la población de Jagua ceden mas bien en perjuicio que
en utilidad de su vecindario”.
El “vecindario”, lo constituyan principalmente
los ricos hacendados esclavistas de Trinidad cuyas tierras se extendían
hasta la bahía de Jagua. Hay de notar además que Trinidad no poseía
puerto de fácil uso, al contrario de la vecina colonia. Tras haber
intentado en vano “recuperar” la fundación de la Fernandina en
beneficio propio, la oligarquía de Trinidad optó por el hundimiento de
su potencial rival.
Este grupo de presión contaba también con el apoyo
de José Ricardo O’Farrill, uno de los plantadores y traficantes de
esclavos mas importantes de Cuba, y José Ramírez de Arellano, ambos
encargados de una inspección en la colonia Fernandina en 1820. Una de las
conclusiones del informe era que la dirección de la fundación pasase al
Gobernador de Trinidad, Rafael de Quesada. Este último había ido hasta
emprender una campaña de acogida de los colonos decepcionados por la
empresa de Jagua. Una treintena había respondido favorablemente a la
oferta. Otro complot, esta vez con carácter violento y abiertamente
antifranceses, sacudió en 1823 la colonia. Animados por un tal Carlos
Ramos, unos cuarenta hombres lanzaron una expedición contra la población
de origen francés, acusándola de querer hacerse con “toda
esta parte de la isla”. Armados de machetes y montados a caballo,
los “yuquinos” – así se denominaban a sí mismos – intentaron
echar a los colonos galos, estos consiguiendo rechazarlos con armas de
fuego. Un año mas tarde, la
Fernandina sufre otro ataque llevado a cabo por desconocidos. Según De
Clouet, estos “intentaron quemar
el pueblo de la colonia degollando, violando las mujeres e hijas y robando
a [los] infelices colonos”. Para el fundador, los atacantes eran “excitados y pagados por los émulos de la colonia que tantas sombras
ocasionó y esta ocasionando a muchos por no convenir a sus intereses y
ser autor de la obra un forastero que califican ellos de extranjero”.
Para De Clouet, no cabe duda de que los hechos eran esta vez dirigidos por
los exaltados, grupo liberal
compuesto principalmente por comerciantes españoles de Cuba que
intentaban reducir la influencia creciente de los propietarios isleños.
El ya citado José Ramírez de Arellano y un tal Pedro Diago, otro
hacendado asentado en la comarca de Jagua, eran acusados directamente por
De Clouet de ser los jefes de la expedición punitiva, el segundo habiendo
demostrado anteriormente “su rabiosa adhesión al sistema constitucional”. Los ataques
contra la colonia se convirtieron, a medida que la colonia iba consolidándose,
en ataques contra la persona de De Clouet. En los meses precedentes a
1826, un panfleto circuló en Cuba, cuya autoría De Clouet atribuya al
Gobernador de Trinidad. Decía – tal como lo reproduce Jean Lamore en su
artículo sobre la creación de Cienfuegos: “No hay uno que bien te quiera, Grosero monstruo LadrónTe abominan
con razón Pues
gobiernas como fiera. Ay vampiro,
quien pudiera Hacerle
presente al rey Como oprime
nuestra grey Tu voluntad
absoluta. Por el oro,
plata y puta Dejas de
cumplir la ley.”
El hacendado Santa Cruz tampoco dejaba su lucha
contra De Clouet, acusándole de ser “un
déspota, un puro especulador mercantil que había sabido aprovechar de
las facultades que tenía de contrabandista, [un] extranjero francés”.
Sino no todas las acusaciones eran infundadas, hay de tener en cuenta que
tampoco tantas trabas, primero contra la colonia, luego contra De Clouet,
recelaban motivaciones muy honestas. Lo que se jugaba entonces era el
dominio sobre la parte centro-sur de la isla, cuya importancia para la
corona y la propia oligarquía cubana iba creciendo, siendo esta la cara
descubierta de Cuba frente a los independendistas de la América hispánica.
En esta lucha, todos los argumentos y actuaciones parecían, sino
permitidos, por lo menos tolerados, pues en ningún momento las
autoridades competentes pusieron fin a ellos. El recelo contra los
franceses era evidente, y el proyecto de Jagua como posible alternativa al
status quo social y económico
de Cuba plasmaba toda la oposición de la oligarquía en el poder contra
cualquier cambio que no le beneficiara. El propio Capitán General de Cuba
Dionisio Vives apoyó rápidamente a los enemigos de De Clouet, basando su
toma de partido en el panfleto que se había escrito contra su autoridad
en 1828.
En 1832, el conflicto desembocó en una tentativa
fracasada de asesinato contra la persona del fundador. Una carta del
Ministro de Marina al Ministro de Gracia y justicia relata que sus
enemigos “apelaron al vilano medio
de comprar la mano de res asesinos. Efectuado este horroroso delito en la
noche del 1º de mayo de 1832, salvó la vida milagrosamente, pero
quedando inútil por las heridas que recibió, cuyo hecho tuvo lugar cerca
del palacio [del Capitán General] y a la vista misma del centinela de la
guardia del Hospital”. La justicia española peninsular, faltando
las pruebas para designar el comanditario del acto, reconocía que “si
D.n Agustín de Santa Cruz no fue el autor del crimen, fue al
menos uno de los principales instigadores, así como lo fue de muchos
otros”, el propietario siendo considerado como
“uno de los mas perversos de la Isla, igualmente que su yerno el Lic.do
D.n Villegas, encarnizado enemigo del recurrente [Louis
de Clouet]”. Según el Brigadier Carlos Tolrá, quién estaba en
funciones en Cienfuegos cuando se produjo el intento de asesinato, Santa
Cruz “anunció al publico este suceso con bulliciosas y culpables
vociferaciones conra el sr. de Clouet, arrebatándose hasta el extremo de
constituirse en la sala del Ayuntamiento para denostar y escupir al
retrato del Fundador que estaba dignamente colocado en aquel local”.
Tras el fallido intento, Louis de Clouet quedó
convencido de que “la idea de
[sus] émulos siempre siniestra [sería] de involucrar[le] en un pleito
para hacerlo eterno”. A partir de 1831, las desaventuras del colono Bernardo Díaz y lo que sabía del panfleto de 1828 contra la oligarquía cubana se convirtieron efectivamente en el detonador de un juicio que duraría hasta la muerte de De Clouet en 1848. El “clan Santa Cruz” reunió todo tipo de testimonios contra el fundador-gobernador de la Fernandina de Jagua, en los que figuraban los de Díaz y de otros colonos. Pero De Clouet siguió estando apoyado por las autoridades coloniales peninsulares. Repetidas veces, el Consejo de Indias reconoció la incapacidad en la que la corona española se encontraba para gestionar los asuntos de justicia en los territorios de ultramar, y llegó hasta afirmar: “se duda cuales autoridades han de conocer de [las] quejas”... Los numerosos enfrentamientos que agitaban la colonia no eran sin frenar su desarrollo, sumándose a ellos muchos problemas de funcionamiento así como una escasa y lenta actuación de las autoridades competentes para fomentarlo.
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