Mateo Torriente

 

Mateo Torriente

20 de septiembre de 1910 - 21 de agosto de 1966

Puede ser considerado, aparte del mejor artista que ha producido Cienfuegos, como el más cubano de todos los escultores del país. Su obra se adentra en los lenguajes artísticos más modernos que le fueron contemporáneos, fundamentalmente del surrealismo y la abstracción, al tiempo que recogen los elementos esenciales de nuestra nacionalidad e idiosincrasia; es decir, que proyecta lo cubano desde una óptica moderna y universal. En el núcleo fundamental de su producción, que se indica a partir de la década del 50 encontramos una aguda simbiosis de elementos tipificadores de nuestro ambiente y forma de ser. De esta manera los instrumentos musicales, los aperos de trabajo en el campo y la ciudad, así como todo tipo de objeto auxiliar sugerente, los animales de nuestros mares y bosques... encuentran representaciones llenas de contenido artístico plenos en sus creaciones, a la vez que no escapan los seres humanos de su línea realista, paralela a las más experimentales. Un factor unificador importantísimo, resulta la alusión constante y libre de esquematismos, a los cultos sincréticos de raíz africana. Buena parte de su producción ostenta este sello, dado por la plasmación sobre todo, de animales e ideas importantes de ese contexto, a los que otorga su carácter distintivo, su bagaje místico, misterioso, fantasmal que aparece imbricado en sugerencias montunas, de florestas tropical, receptáculo habitual del panteón yoruba y de las divinidades paleras. Su afán de modernidad lo llevó por la vía experimental, a señalar algunas pautas que asombrosamente hoy son seguidas, muchos años tras su muerte y sin vínculo unificador, como las contemporáneas instalaciones, de las que se conocen al menos dos de altos vuelos, la más importante de las cuales sería la que realizó un fin de año frente al Palacio de Valle, con inclusión de un ambiente campesino en muchas facetas.

 

 

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