Azurina.-
En el frío enero de 1949, el decimoséptimo día de ese mes,
lunes, para ser más precisos, la "Luna Cienfueguera"
fue tocada por primera vez en el parque José Martí por nuestra
Banda Municipal de Conciertos.
Pese al frío, pudo más la costumbre de nuestros bisabuelos, que
con sus mejores ropas asistían a la famosa retreta, una venerable
tradición en nuestra principal Plaza y recinto fundacional.
En su Autobiografía, el autor de "Luna Cienfueguera"
nos cuenta que esa pieza, calificada por él como su novia blanca,
se cantó por primera vez el domingo 7 de diciembre de 1947,
durante una velada patriótica dedicada por el Ateneo de
Cienfuegos a honrar la memoria de los caídos en las guerras por
la independencia.
En aquella ocasión la pieza fue interpretada por Idalmi García,
artista de CMQ Radio, acompañada al piano por una sobrina del célebre
Antonio María Romeu.
La canción endulzó oídos y corazones, pletórica de
romanticismo, evocadora y paisajista. Desde entonces, como una
semillita que germina donde nadie la ve, fue adueñándose primero
del gusto de los habitantes de la localidad y pronto llegó a
convertirse en un éxito en toda Cuba.
Su versión más popular fue grabada por el Conjunto Casino con el
intérprete Roberto Espí, y apareció en el acetato facturada por
la firma disquera Panart. Desde entonces a la fecha, muchos han
sido quienes la han incluido en su repertorio, entre ellos el
Conjunto de Sones Tradicionales Los Naranjos, quienes en 1980
grabaron un disco de Larga Duración con dicha pieza, de la cual
hicieron un excelente arreglo.
En opinión de su autor, el arreglo que más se ha identificado
con el espíritu de la canción fue hecho por el maestro Gonzalo
Roig, teniendo como solista a Martha Pineda.
Más allá del acontecimiento discográfico, "Luna
Cienfueguera" constituye una composición emblemática de
nuestra ciudad de Cienfuegos, La Perla del Sur. Razones las tiene
desde el punto de vista de su belleza musical, así como por el
contenido poético de su letra.
"Luna Cienfueguera" fue compuesta por José Ramón Muñiz
Carballo (1910-2001), nacido en Aguada de Pasajeros, de familia
muy humilde.
Aguada es uno de los municipios que integran la actual provincia
de Cienfuegos. Admirablemente vino a residir a esta ciudad,
exactamente dos años antes de que la melodía que lo
inmortalizara viera la luz. Llegó con su esposa María Cantón,
natural ella del matancero municipio de Pedro Betancourt y hermana
de un prestigioso galeno de las décadas de los cuarenta y
cincuenta.
José Ramón, María y su pequeño y único hijo, a quien los
padres llamaban por el sobrenombre de "Tatín", fueron a
vivir en la calle de Gloria, entre Santa Elena y Castillo.
Tuve la suerte de que Muñiz me contara cómo y dónde escribió
su "Luna Cienfueguera"; desde pequeño frecuentaba su
casa, pues éramos vecinos y allá iba yo a extasiarme oyéndole
contar historias y chistes con su buen y sano humor, mientras María,
con su carácter jovial y discreto, regaba las muchas macetas con
plantas y flores de su pequeño jardín, al que Muñiz le dedicaría
luego su cuaderno titulado "Humedad Luminosa".
Pues me comentó Muñiz, que recién llegado a Cienfuegos comenzó
a trabajar en la Aduana como inspector y muchas veces tuvo que
pasarse interminables horas sentado o a pie frente a los muelles.
De aquellas faenas, buena parte le ocuparon el horario de la
madrugada y la noche, y desde allí contemplaba a lo lejos
numerosos puntitos que iluminaban la bahía, como salpicándola de
luces: ¡Los humildes barcos de los camaroneros! Gente humilde, en
su mayoría del barrio de Reina, que se ganaban malamente la vida
con largas noches en pro de la captura del delicioso crustáceo.
Como diría luego el mismo poeta en una de sus obras: "Ballet
de eternos mal ratos, que bailan los pescadores casi siempre sin
zapatos".
Junto a los barquitos camaroneros, como permanente centinela,
aparecía la Luna, blanca y helada como si destilara miel y fiel
acompañante de aquellos hombres sencillos que constituían un
elemento irrevocable del paisaje marinero en nuestra ciudad.
Desde su niñez traía Muñiz el alma de poeta, lo mismo que la
sensibilidad hacia los más pobres; siendo pequeño padeció las
carencias de una vida en el campo, junto a la hostilidad de la Ciénaga
de Zapata, y a cuyo enclave del Sur de Cuba dedicara su libro
"Ciénaga", considerada por él su obra poética más
acariciada, por constituir una poesía de un paisaje natal y
contener elementos autobiográficos mezclados con reflexiones
cargadas de misticismo.
Frente al Muelle Real, entre sogas, barcos, pescadores, anzuelos y
muy frente al mar, nació "Luna Cienfueguera",
exactamente en la caseta del ferrocarril. Su letra comenzó a
escribirla de madrugada y, como no tenía un lápiz a mano, tuvo
que hacerlo sobre una tabla con un pedazo de carbón vegetal.
Confesó Muñiz que esa canción es y será siempre un
reconocimiento muy merecido a los trabajadores del mar. Quien
primero la escuchó fue un compañero suyo de trabajo, de apellido
Grau, quien, aunque profundamente dormido, se despertó al oír a
Muñiz cantarla a todo pecho. A Grau le brotaron lágrimas, al
tiempo que le decía: "Ay, Muñiz, yo nací y me crié en
estos muelles".
Hoy pertenece a todos los cienfuegueros como un Patrimonio de lo
mejor de nuestra cultura de todos los tiempos. Lejos de su adorada
Luna murió Muñiz; partió de la tierra natal para reunirse con
su hijo y nietos, pero su corazón se quedó para siempre frente
al Muelle, lo mismo que merodeando por el ancho Malecón de la
ciudad a la cual le cantó como nadie antes ni después, con música
y poesía, como más tarde, nostalgia.
El autor de poemarios como "Mar de Luna", "Ilia
Mary", "Humedad Luminosa", "Ciénaga", y
del fabuloso poema "Siboney", merecedor del Premio Flor
Natural en el Certamen de Escritores y Poetas Iberoamericanos
celebrado en Nueva York en noviembre de 1958, se ha quedado para
siempre junto a esa luna que sigue brillando sobre el litoral
cienfueguero. Sus reflejos, cual velo de una bella novia, esconden
para la eternidad las notas y versos de una canción poema, que es
orgullo y distintivo nuestro.
Luna,
lejana novia helada
No nos dejes tan solos
Que nos haces llorar.
Luna, cienfueguera luna,
Arpa eres sobre el mar.
Tienes inquietud de estrella,
De marino y mujer.
Eres novia blanca
De nuestros amores
Luna cienfueguera,
Luna de cristal.
Cuando tú te alejas
Huyen tus reflejos
Mira cómo viajan
Los camaroneros
A encender luceros
En el litoral.
Ojalá que quienes hayan leído esta letra y todavía no conocen
la canción, se animen a escucharla. Como siempre me ocurre a mí,
puede que terminen a un mismo tiempo con una feliz sonrisa y enjugándose
una lágrima tan oportuna como inevitable.
|