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LA
VENUS NEGRA
Uno de los cayos que primero visitaron los colonos fue el denominado Cayo
Loco, llamado también Cayo Güije, situado dentro del mismo puerto.
Cuenta la leyenda que el cayo se formó cuando Guanaroca en medio de su
dolor por la pérdida de su hijo deja caer el güiro donde Hamao para
ocultar su delito, deposito el cadáver de su hijo. Del güiro al caer al
suelo y romperse salieron peces y tortugas de distintos tamaños y gran
cantidad de líquido, desparramándose todo colina abajo. Acaeció
entonces el mayor portento que Guanaroca viera, los peces formaron los ríos
que bañan el territorio de Jagua, la mayor de las tortugas se convirtió
en la península de Majagua y las demás, por orden de tamaño, en el
resto de los cayos.
El cayo se constituyó con los restos de una pata de la tortuga mayor, la
que constituyo la península de Majagua, que en lucha con un gran pez hubo
de perder la izquierda, que ya desprendida flotó en el agua convirtiéndose
según la leyenda en un cayo, Cayo
Loco (1).
Cuando los colonos fundadores de la colonia Fernandina de Jagua visitaron
por primera vez el lugar. Encontraron en
él a una mujer negra en plena juventud, sin más vestidos que los
que le dio la próvida naturaleza, que vivía en el mismo. Mujer, hermosa,
de bellas formas que causó tal impresión en los colonos con su aparición
que estos la bautizaron con los nombres de “La Venus Negra” y “La
Belleza de Ébano”, generalizándose más el primero.
A la vista de estos hombres huyó la mujer, no por pudor, sino por miedo.
Corrieron tras ella, logrando darle alcance; pero, a cuantas preguntas le
hacían permanecía sin responder. Creyeron que no entendía los idiomas
en que la interrogaban, sin embargo, más tarde pudieron convencerse que
no hablaba porque era muda.
Aunque era la única moradora de aquel cayo, y a nadie tenía que agradar,
como no fuera a ella misma, adornaba su espléndida desnudez con collares
y pulseras formados con sarta de semillas de bejucos y árboles, y de
conchas y caracoles marinos.
Tenía dos compañeras aladas: una garza azul y una paloma blanca, de tal
modo domesticadas, que iban a todas partes con ella; posándose en sus
hombros la última.
Cuantas veces los vecinos cienfuegueros intentaron llevar a La Venus Negra
a la vida civilizada, albergándola en sus casas y facilitándole
vestidos, se repitió su obstinada negativa de trabajar y de comer, por lo
que acabaron por no molestarla, dejando que viviera como le diera la gana,
reina y señora del solitario cayo, teniendo por únicos súbditos a la
garza azul y a la paloma blanca.
Tomado
de: Cienfuegos http://home.tampabay.rr.com/100fuego/
(1) Se lo denominó
Cayo Loco porque con el vaciante y llenante de las mareas el cayo desparecía
y aparecía, como alguien que en su locura se deja ver sólo por momentos.
Leyendas
de Cienfuegos
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La Dama Azul
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Una Cabellera que se
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