Muchos
turoperadores del Caribe proponen como principal atractivo la
limpieza, sustentabilidad e inocuidad de su oferta. Para que
esto sea así, resulta de importancia trascendental la
existencia en una de las más bellas ciudades de la cuenca, de
un laboratorio dedicado a la vigilancia de la atmósfera, las
aguas y la actividad contaminante en general.
Estamos
hablando del Laboratorio de Vigilancia Ambiental del Ministerio
de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) cubano, ubicado
en la ribera Oeste de la bahía de Cienfuegos.
Fundado desde 1999 con la fusión de los laboratorios de
Estudios Ambientales y de Vigilancia Radiológica -paso
trascendental en cuanto a la suma de la capacidad analítica y
el potencial científico-, fue validado casi desde entonces por
las normas ISO, y más recientemente por la Organización
Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Recibió en sus
inicios la trascendental tarea de proteger nuestra fuente
principal de riquezas, el acuatorio de Jagua, aunque también la
atmósfera y los suelos de la zona central del país.
La
alta modernidad y productividad de su equipamiento -actualizado
recientemente mediante programas de cooperación que demuestran
la confianza y simpatía que genera la ciencia revolucionaria en
el mundo- incrementó sus posibilidades con una adquisición de
procedencia australiana, que permite la detección meticulosísima
de metales pesados por tecnología atómica. Se espera,
asimismo, la llegada de otros aparatos que duplicarán su
capacidad para encontrar pequeñísimos índices de
radioactividad. Esto lo convierte en el laboratorio mejor
preparado de la nación para estos menesteres.
Su plantilla cuenta con algo más de una veintena de
investigadores de altísimo nivel, entre los que se destacan químicos,
físicos, matemáticos y biólogos -con un promedio de 33 años
de edad-, que acumulan experiencias en el análisis de aguas,
cenizas, sedimentos marinos y el contenido del aire ambiental, a
lo que agregan un conjunto de ensayos biológicos, que incluso
les han permitido descubrir y catalogar especies de algas nunca
antes reportadas por la ciencia y utilizar estos organismos para
el estudio de trazas contaminantes en la naturaleza.
El centro tiene implícita en su actividad científica la
realización de modelos de dispersión de las sustancias que le
son de interés, por eso puede ubicar descansadamente entre sus
ofertas la vigilancia de la actividad industrial y la
certificación de ésta, que le permite al CITMA llevar a cabo
su actividad legal, el monitoreo de los desechos y las
sustancias tóxicas o peligrosas que se manipulen, la consultoría
en cuanto a la bioseguridad en el manejo ambiental y otras tan
importantes como el destino de sustancias contentivas de gérmenes,
procedentes de la actividad veterinaria u hospitalaria.
Hay que reconocer como el mérito principal de este enclave de
la ciencia sureña su habilidad para aplicar y comercializar de
inmediato los avances que ponen a punto sus pensadores. De
hecho, en estos momentos promueven como servicio de avanzada el
estudio de los sedimentos costeros que inicialmente diseñaron
para conocer el avatar milenario de la bahía cienfueguera, y
que ya ha sido comprado para aplicarlo en Batabanó.
Estos estudios, que han venido perfeccionando durante años, les
ha permitido conocer todo el historial de nuestra bahía, saber
qué le sucedió en todas las eras geológicas, cómo ha
incidido el hombre en ella, y establecer políticas para su
manejo más correcto.
Por todo esto, les auguramos un futuro más que promisorio.
Tomado de: Web
Náutica de Cuba. www.nautica.cu
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