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DON
AGUSTÍN DE SANTA CRUZ Y CASTILLA Por
el DR. Bienvenido Rumbaut y Yanes Revista
“AVANCE” Antes
de la fundación de Cienfuegos, conocida inicialmente por la Colonia
Fernandina de Jagua, residía con su familia, en el Ingenio “Nuestra
Sra. De las Candelarias”, en la cercanías del actual poblado de Caunao,
el acaudalado hacendado habanero Don Agustín de Santa Cruz y Castilla,
nuestro primer benefactor, nacido en nuestra ciudad capital en 1785; vino
a Nuestras tierras en unión de su ilustre esposa Doña Antonia Guerrero,
de familia acomodada. Cuando
el Coronel Don Luis De Clouet vino a fundar la referida Colonia, Don Agustín
lo visitó el 19 de abril de 1819 para convencerlo de que no debía fundar
la Colonia en las orillas del Río Saladito, en el lugar conocido por
“Sitio Hurtado”, muy cercano a un poblado de indígenas que allí
residía pacíficamente, proponiéndole en cambio, establecer la población
en la Península de Majagua, ofreciéndole 130 caballerías ubicadas en el
Hato de Caunao para ser repartida entre los Colonos. Don
Agustín solicitó del fundador que a cambio de esa donación le
gestionara el nombramiento de Coronel de Milicias y el título de Conde de
Santa Cruz de Cumanayagua, solicitud que fue aceptada por D Clouet, quien
transcurrido los años no cumplió su promesa por diferencias posteriores
entre ambos personajes que nunca pudieron ponerse de acuerdo. Don
Luis y Don Agustín, hecho el contrato verbal, visitaron y exploraron los
mencionados terrenos, los que al repartirse tocaron en suerte tres solares
al fundador enclavado precisamente en el lugar en donde se haya el Teatro
“Tomás Terry”. Don
Agustín y su esposa fueron seres de piedad inagotables y no tan sólo
regalaron esas tierras sino que protegieron constantemente a los colonos
de Fernandina y al poco tiempo de fundada ésta, actuaron directamente
socorriendo a los habitantes quienes padecieron de la más terrible
epidemia de Vómitos Negro o Fiebre amarilla y Fiebres Intermitentes. El
Ingenio “Candelaria” se convirtió en un gran hospital y allí se
atendieron a los enfermos atacados, entre ellos el primogénito del
Fundador que llevaba su propio nombre. Los
tiempos primeros del lento desarrollo de Fernandina fueron muy crueles y
llenos de dificultades y fue entonces que la bondad inagotable de Don
Agustín y Doña Antonia, se pusieron a las pruebas más rudas: Prestaron
servicios inapreciables; cedieron esclavos, animales de labranza, aperos,
semillas y socorros de alimentos y así la población fue salvada de la
miseria y la muerte y da el paso al progreso que aunque lento culminó más
tarde en una población
favorecida por la naturaleza y aupada por la acción de hombres
inteligentes y trabajadores. Las
discrepancias, no obstante, y muy propias de las luchas de intereses,
hicieron que la Colonia se dividiera en dos bandos, los que jamás
lograron armonía, y lo que motivó también que Don Agustín nunca
lograra sus deseos de alcanzar el nombramiento y Título referidos. Dos
hijas tuvo el matrimonio Santa Cruz-Guerrero:
Doña María Josefa y Doña María de los Dolores. El
12 de noviembre de 1841, murió en la Colonia, cuyas tierras cedió
generosamente, Don Agustín de Santa Cruz y Castilla; sus restos mortales
fueron depositados en una bóveda situada en el lado izquierdo de la
Capilla del Cementerio Municipal de la Perla del Sur; la acción del
tiempo destruyó la tapa del mármol de la bóveda, los restos
desaparecieron pues inundado por el agua, la putrefacción lo disgregó. Queda
como recuerdo de su vida, una modesta tarja en la calle de Santa Cruz, en
las paredes del Liceo. Es una ofrenda del Club Rotario que el 22 de
abril de 1921, realizó ese homenaje tan sencillo y modesto.
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