Costumbres de Pasear en Cienfuegos

 

Costumbres de Pasear en Cienfuegos

 

Por Alfonso Cadalzo Ruiz

 

              Amigos, en la vida todo cambia y resulta admirable cómo esa dialéctica se manifiesta en cada nivel del quehacer cotidiano. Es una realidad atómica y macro-existencial que nadie puede evitar. Esta reflexión llega a mi mente, porque me llama mucho la atención la evolución de nosotros los cienfuegueros en nuestra costumbre de pasear, especialmente durante las noches de sábado y domingo. Es usual que en tales ocasiones haya cientos de jóvenes - ¡y otros que no lo son tanto! – congregados a lo largo y ancho del malecón, zona que es un verdadero orgullo para quienes sentimos la dicha de haber nacido y vivimos en la Perla del Sur.

              Ante el mar de nuestra bahía, habitualmente sereno y salpicado por el reflejo de la luna y algún que otro barco, mucha gente hace sus tertulias, escucha música, degusta alguna bebida favorita y hasta sueña con viejos romances que tuvieron como escenario este mismo lugar. El malecón cienfueguero es el punto ideal para la charla amistosa, o sencillamente para ejercitar el cuerpo con caminatas de ida y vuelta.

              En este segundo año del siglo XXI y del tercer milenio, sentado en el muro del malecón una cálida noche, me puse a reflexionar sobre la costumbre cienfueguera del paseo nocturno y, echando manos al recuerdo de los más viejos, se gestó el embrión de este comentario que hoy comparto con ustedes.

              No siempre fue el malecón lugar de paseo y de tanta afluencia de personas. Por los años cincuenta del recién terminado siglo, ese privilegio lo ocupaba el Paseo del Prado, ancha y hermosa senda a lo largo de la calle 37. Nuestro Prado, el más largo de Cuba según muchos, recibía multitudes paseantes en sus diecinueve cuadras de extensión, aproximadamente. En verdad, el área neurálgica del Prado se localizaba desde Prado y San Carlos, hasta Campomanes.

              Sábados y domingos, los otrora más jóvenes que hoy, nos desplazábamos continuamente con habituales escalas para conversar, lanzar un piropo a una linda muchacha y sentarnos a retomar fuerzas en el primer banco desocupado. En el Prado las jovencitas exhibían el nuevo vestido, regaban el aire con una combinación de perfumes y fragancias naturales, y marchaban al compás de sus altos y finos tacones, que reclamaban un buen entrenamiento para caminar bien con ellos.

              La costumbre de pasear por el Prado se extendió hasta casi finales de la década de los setenta. Luego, poquito a poco, las nuevas generaciones prefirieron el refrescante malecón.

              Si le damos más marcha atrás al almanaque, descubrimos que en la década del diez y parte de los cincuenta, nuestros abuelos y bisabuelos preferían pasearse por el Parque Martí, dando una y otra vuelta en sus dos manzanas y escuchando el chasquido del agua de las fuentes. Las damas se posesionaban de sus asientos, abanico en mano y bien ataviadas, mientras sus ojos cautelosos no perdían de vista a sus hijas que, de cuando en cuando, eran objeto de tímidas y muy medidas galanterías. Los más atrevidos pedían a la joven que les simpatizaba, les concediera una pieza al ritmo de la Banda Municipal, que desde la glorieta amenizaba el ambiente con la tradicional retreta del domingo, que también se repetía a mediados de semana.

              En aquel tiempo no era muy bien vista una muchacha que fuera a pasearse por el malecón. Y la que se atrevía a hacerlo, al otro día era objeto de comentarios en el barrio. Según los más viejos, el malecón era para los novios escondidos.

              A fuerza de aguaceros propinados por el tiempo, se escurrieron muchos prejuicios y el malecón comenzó a iluminarse bien, aumentando su atractivo natural. Hoy es el lugar predilecto para la inmensa mayoría de los cienfuegueros, aunque ahí siguen hermosos y prestos a la bienvenida nuestro Parque Martí y el Paseo del Prado. ¡Y qué atractiva resulta una caminata desde el Parque hasta el malecón, atravesando nuestro pintoresco boulevar!

              Les invito a quienes nos visiten, para que conozcan estos lugares que son símbolos de la cultura cienfueguera y remansos del tiempo. Los tiempos, es verdad, han cambiado, y así también la costumbre de un paseo. No así la hermosura de estos lugares que todos amamos entrañablemente.

 

Tomado de: El portal de la cultura en Cienfuegos. www.azurina.cult.cu

 

Alfonso Cadalzo Ruiz

Director de Programas de Radio y Escritor. Especializado en música mexicana, dirige, entre otros espacios, MÉXICO Y SUS CANCIONES por Radio Ciudad del Mar. Ha viajado a México en varias ocasiones para realizar programas sobre música cubana y cienfueguera, e impartir conferencias sobre técnicas de creación de radio y guionismo en universidades de los estados de Jalisco, Colima, Durango y Guanajuato. Colabora en Azurina con artículos diversos, que abarcan música, temas para la reflexión, personalidades y temas sugerentes.
 cadalzoruiz@azurina.cult.cu

 

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