Conversaciones con Chito Corua

 

CONVERSACIONES CON CHITO CORUA   Samuel Feijoo             

CHITO CORUA  se  sentaba   a   la sombra  de  los  cocuyos  y  me decía con voz firme.

- Amigo mío, huye de todo homenaje, huye de  las palmas de  las manos que aplauden, que son veneno de cretinez. La justa  admiración  es  silenciosa, y la  palabra  no  la  contiene.  Amigo mío adentro está tu imposible premio. Ves, yo entro en los velorios porque allá está el silencio definido, lo que es el silencio y el hombre mientras más habla más bruto es, y mientras más sociable más zopenco, porque no tiene persona, intimidad, mundo propio en que vivir fructífero. Por eso se rodea de vanidad, de hombres vacíos, para decirse mutuamente, amablemente, dulcemente, mil vaciedades. Amigo, apártate.

Chito Corúa me decía, sentado sobre la cabeza de las dignidades.

- Amigo mío, huye de los que hablan de sí mismo, de los satisfechos, de los comerciantes del dinero, de los que se creen justos, de los seguros de sus vidas, de los titulados o autotitulados triunfadores, porque estos son la escoria del mundo, la podredumbre humana, porque esas dignidades y cargos seguramente que no se han conseguido sino por arrastramientos, vilezas y la desgracia del prójimo. Ya cuando el vano cargo cae, el miserable que lo ostentaba queda arrinconado, porque él no era sino cargo, no era él no era persona. Amigo, apártate de ellos.  

Chito Corúa levantaba su estrella de lata, y señalándola con su palo me decía:

- Busca la clara soledad, porque a ella no llega nunca la necia palabra de la muchedumbre, ni las mentiras sociales ni los disturbios del ruin, ni el cacareo de los literatos sin obra verdadera, cacareadores de todas las esquinas, perdiendo sus vidas en insulsas conversaciones, que cáscaras podridas son de todo fruto artificial; huye de las reuniones de los titulados “intelectuales” que se intercambian, ridículos en grandes bombos de groseros sonidos, las mutuas admiraciones. No se escuchan más que las respectivas sandeces que les saben a ambrosía. Amigo, la cultura es una obra de soledad y no guirigay de guacamayo relumbrosos. Busca la soledad y crecerás.

Después Chito Corúa encendía la estrella por una punta, con un soplo, y me aleccionaba:  “Si haces esto, te quedarás ricamente solo, te odiarán los vacíos, los ululantes pavorreales, los necios te ignorarán, y esa serán, y esa será tu dicha, porque al estar solo, libre de ellos, con el aire limpio y sin sombra de cercanía maligna, ya encontrarás tus tesoros que en soledad, como el amor, se gozan. Sólo, hijo mío, puedes dar a las demás soledades lo que a ellas les pertenece.

 

 

El inmenso Benjamín Duarte nos presenta un dibujo  de  Samuel Feijoo, tomado  en sus esenciales  caracteres. 

Feijoo  que  es poeta, periodista y hombre difícil para los mediocres, que odia el bombo, el ditirambo  y    la   loa,  ofrece   gentilmente   para   los lectores de AVANCE, este artículo que viene a enriquecer su Edición Extraordinaria al cumplir sus dos Décadas de vida.      

 

Chito Corua, el del escrito, fue un personaje que existió, según hemos podido averiguar, en épocas anteriores, la persona que nos contó de él, dice que lo vio hasta finales de los 50. 

Chito era un personaje pintoresco, que visitaba todos los mortorios, y hablaba y filosofaba.

 

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