Conclusión

 

CONCLUSIÓN

 

          En 1834 – año en el que se instalaba en Cienfuegos un Vice-Consulado de Francia – la comisión de seguimiento dirigida por Francisco de Arango y Parreño fue oficialmente disuelta y sus competencias transferidas a la Junta de Población. A partir de este momento, fueron jueces de residencia comunes los que siguieron la colonia, asistiendo, pasivos, al enfrentamiento continuo de los De Clouet, Santa Cruz y otros. El año anterior, De Clouet había obtenido el derecho definitivo de legar el gobierno de la colonia a su hijo Alejandro, conservando para él el cargo vitalicio de Gobernador político y militar de Cienfuegos. La determinación de De Clouet, su ánimo de lucro y prestigio social, su destreza en la empresa de la fundación usando todos los medios posibles – legales o ilegales, su resistencia frente a la adversidad utilizando a menudo a los colonos, dieron finalmente los frutos esperados: el 2 de julio de 1840 obtuvo el título de Conde la Fernandina de Jagua. Ya en 1833, el mismo año en el que De Clouet estaba involucrado en un caso de confiscación indebida de una esclava y de su utilización como si fuera suya, había sido elevado al rango de Brigadier, alcanzando su sueldo anual unos 40 000 pesos.

          En cuanto a la colonia, su puerto y su campo la convirtieron en los años 1840 en una de las zonas mas prosperas de Cuba, los ingenios habiendo suplantado, sin llegar a hacerlas desaparecer completamente, las pequeñas explotaciones dedicadas a productos no exclusivamente de exportación. En 1839, eran acabados la plaza de armas, un teatro (el Isabel II), una escuela gratuita y un cementerio. En los años siguientes, se realizaron las obras para los muelles del puerto, las canalizaciones de agua y la instalación del alumbrado público. En 1842, fecha determinante en el desarrollo de la ciudad y su economía azucarera, fueron dibujados los planos de la vía ferroviaria que debía unir Cienfuegos a Villa Clara, siendo ésta acabada en 1847. El mismo año de 1842, la Junta de Población, administración fantasma, suprimió los últimos derechos de los que beneficiaba Cienfuegos como antigua colonia de población.

          En 1845, el propio fiscal Vasquez Queipo diría, en un informe que se aportó al expediente judicial sobre las malversaciones de De Clouet en los años de fundación y posteriores: 

Acaso el atraso de nuestra Madre Patría se debe a este espíritu fiscal, con que se ha hostigado a los extranjeros que se domiciliaban en ella con sus industrías y sus capitales, suponiendo simpre que venían a llevarnos nuestra riqueza ; como si la que nos habían dejado con su industría y conocimientos no valiera mil veces mas que las que ellos hubiesen adquirido personalmente. ¿Que valdría si no mas para la Isla y el Erario; la existencia de la colonia Fernandina, o la riqueza que pueda haber adquirido en ella de Clouet?”. 

          La contribución al enriquecimiento de la clase blanca criolla bien valía algunas infracciones... En 1848, cuando De Clouet murió en Córdoba (España), Cienfuegos respetó varios días de luto, tal como lo había hecho cuando se murió Agustín de Santa Cruz, el donador de las primeras tierras de Jagua. 

          Nacida de la política española dibujada en la cédula real del 21 de octubre de 1817, la colonia Fernandina de Jagua no consiguió establecer las bases de una nueva economía para Cuba, y mucho menos una nueva sociedad. La fundación de la colonia dependía de entidades de características e intereses demasiado lejanos para que el proyecto inicial pudiese cumplirse completamente.

          Por una parte, los oligarcas de la zona de Jagua – inclusivo Louis de Clouet – trataron continuamente de sacar provecho personal de la empresa de fundación, convirtiéndola en un campo de batalla más de los numerosos conflictos internos a su clase. También  convirtieron la colonia en un contra-modelo del proyecto inicial, contribuyendo al fomento de la economía de plantación, en particular la industria azucarera. Hacía 1840, la comarca de Cienfuegos producía ya 30 000 toneladas de azúcar por año y mas dos millones de reales para la Hacienda española. Símbolo de esta victoria de los plantadores-comerciantes, el emigrado “venezolano” Tomás Terry se convirtió en la figura principal de Cienfuegos de los años posteriores a 1840, dedicándose a los cultivos coloniales, a la ganadería, a la construcción de infraestructuras y, encima de todo, a la trata negrera ilegal.

          Por otra parte, la monarquía española, debilitada por el desmantelamiento progresivo de su imperio y unas finanzas no menos desastrosas, demostró su incapacidad a aplicar lo que debía de ser su política de poblamiento blanco, frenada por una oligarquía cubana todo poderosa en la isla. Sobre todo, la trata negrera, pese a su prohibición en 1820, siguió funcionando y hasta se incrementó. Según las estimaciones de Moreno Fraginals, 100 000 esclavos entraron en Cuba entre 1826 y 1835, 50 000 entre 1835 y 1841, cerca de 50 000 entre 1841 y 1850, el auge siendo alcanzado en 1859 con la entrada de 30 473 esclavos más en tan solo un año. Esta situación promovida por la oligarquía cubana - y ante la cual la Corona española cerraba los ojos para no dar motivos a los defensores del independentismo o del anexionismo a los Estados Unidos – aniquilaba toda credibilidad al proyecto demográfico de equilibrio sostenible entre poblaciones blanca y de color, libre y esclava.

          Para terminar, podemos afirmar que los colonos fueron las principales víctimas de esta situación. En un primer tiempo, la inmigración blanca adquirió cierta importancia en la zona central de Cuba. En 1833, todavía Cienfuegos parecía constituir una excepción demográfica: sobre 2719 habitantes, 1896 eran blancos, 823 libres de color, y 533 esclavos. Estos datos, si no son del todo fiable ya que no era del interés de los hacendados el declarar las nuevas adquisiciones de esclavos, se confirman en parte con los resultados del censo de 1838, año en el que los blancos constituyan aún un cuarto de la fuerza de trabajo. Esta población, generalmente pobre, constituyó las bases de un campesinado y proletariado cuyos intereses se chocaron con los de la oligarquía. Para ellos, no existía la barrera amo/esclavo, sino la que oponía el capitalista al asalariado.

          A pesar de estos índices de éxito del poblamiento blanco, hemos visto que al mismo tiempo que llegaba los colonos, la colonia se fundió poco a poco en su entorno. Rápidamente, las consecuencias demográficas de este fenómeno de absorción de la colonia por el tejido socio-económico cubano – el boom azucarero - se hicieron sentir. De 33 428 habitantes censados en Cienfuegos en 1845 – mas de diez veces su población doce años antes,  18 301 eran blancos, 3 927 libres de color y ... 11 154 esclavos.

 

 

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Cienfuegos: náutica e historia en el centro de Cuba

 

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