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CIENFUEGOS:
UNA PERLA ECLÉCTICA AL SUR DE LA ISLA. Cuando se habla del
eclecticismo y de la arquitectura que adopta las características
inherentes a este código de formas, siempre se piensa en la profusión de
estilos entremezclados que, de forma abigarrada, nos ofrecen raros
ejemplos de inmuebles en los que no se puede delimitar hasta dónde llega
un lenguaje arquitectónico respecto a los otros. En la ciudad de Cienfuegos,
aunque afirmemos que se enmarca dentro de la línea ecléctica, no se
verifica ese "carnaval de estilos", propio de otros
asentamientos urbanos, a pesar de que contamos con el palacete de Acisclo
del Valle Blanco, en Punta Gorda, que constituye una expresión aislada y
atípica en el contexto general del quehacer constructivo local. Lo que verdaderamente se
convierte en elemento pregnante en nuestra ciudad, tanto urbana como
constructivamente, es el equilibrio que se establece entre los postulados
neoclásicos procedentes del siglo XIX y el interés por magnificarlos con
la incorporación de nuevos componentes decorativos que no excluyen
algunas versiones peculiares de otros códigos como el Art Decó y el Art
Nouveau. El acelerado crecimiento
demográfico que se produce a partir de 1900 se refleja en la apropiación
física de los terrenos y la amplia actividad constructiva que se
desarrolla, fundamentalmente en la urbanización de nuevos barrios aledaños
al centro tradicional (Buena Vista, La Juanita y Punta Gorda, por
ejemplo). El proceso constructivo se
revierte en 2 aspectos fundamentales: de un lado, la edificación de obras
puntuales en las que predomina el uso de portales con áreas de jardines
laterales y al frente, que implican una ruptura de la línea de fachada
tradicional, a fin de jerarquizar de forma individual los recursos económicos
de cada propietario. Esto es lo que ocurre en zonas como Buena Vista y
Punta Gorda. Por otra parte, se aprecia
también la compactación de la planta y la pérdida del patio central que
hasta ahora funcionaba como eje rector de la distribución espacial. Este
es sustituido por salones de uso social, en los que predominan las
escaleras de mármol y otros materiales, las amplias salas y saletas y la
pared medianera. Este esquema va degradándose en dependencia de la posición
social del ocupante del inmueble y culmina en el esquema mínimo de la
vivienda de alquiler, que sólo conserva un estrecho pasillo a lo largo
del inmueble, que también deviene en un "tripa" a lo largo,
carente de privacidad. Mientras esto sucede como
muestra de las nuevas posibilidades económicas de determinadas clases, o
sea, desde la alta hasta la pequeña burguesía, el proletariado queda
marginado en los barrios de San Lázaro, Reina y Pueblo Nuevo, en
asentamientos que no poseen ningún tipo de reconocimiento social ni valor
ambiental, lo que también sucede en los proyectos típicos de
"cuarterías" o casas de vecindad, que proliferaron en el actual
Centro Histórico Urbano. En ese período que definimos
como ecléctico, el Paseo del Prado, junto a las construcciones
monumentales que le sirven de entorno, se consagran como el eje vial y
social más importante de Cienfuegos. Quisiera terminar llamando la
atención sobre ese conjunto urbano, definido por las 90 hectáreas del
Centro Histórico, que procedente del siglo XIX se introduce en el XX de
forma armónica y coherente. Y hago un llamado a los organismos estatales
y la población en general para trabajar en su preservación por
constituir el testimonio tangible más auténtico del devenir histórico
de la ciudad, ya que su expresión como espacio urbano contiene los
valores históricos, económicos, sociales, éticos, expresivos y
funcionales de la que no puede dejar de ser la "perla del Sur" o
la "linda ciudad del mar".
Publicado por Teresita Chepe el 21-05-2002
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