La capital cubana de las cúpulas

 

La capital cubana de las cúpulas

 


Por: Francisco G. Navarro

 

 

              Lejos de la opulencia de sus congeneres de Paris, Florencia, Moscú o San Antonio de Padua, las cúpulas identifican a la ciudad cubana de Cienfuegos tanto como las columnas a La Habana, los canales a Venecia y los rascacielos a Chicago.

 

              En la nombrada Perla del Sur, fundada en 1819 por colonos de origen francés 250 kilómetros al sudeste de capital, mas de una docena de estas bóvedas aéreas son parte indisoluble del paisaje urbano.

 

              Como la mayoría de las catedrales católicas del mundo la cienfueguera, bajo el manto protector de la Purísima Concepción, exhibe con orgullo sus dos cúpulas dispares, las mas antiguas en la pequeña urbe de 130 mil almas, pues la iglesia parroquial fue construida en 1869.

 

              Pero fuera del contexto urbano, a la entrada de la bahía la fortaleza de Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua estreno en 1745 su pétreo traje de guardiana de la rada y entre sus joyas figuraba ya uno de esas torrecillas propias del lenguaje clasicista.

 

              Rancios apellidos de sacarocratas, armadores y comerciantes locales dejaron su impronta en palacios rematados por cúpulas, desafiantes de la furia del huracán y la maldad del rayo, en hercúleo esfuerzo por legar a la gente sencilla de estos días la crónica constructiva de un pasado reciente.

 

              José García de la Nocedal (1881), los Falla Brunei (primera década del XX) y Ferrer (1918) estamparon la sena de sus fortunas en regios palacetes copulados, erigidos en el núcleo original de la ciudad nacida como villa Fernandina de Jagua, el 22 de abril de 1819.

 

              En construcciones de carácter publico, amen de la Catedral, destacan por sus media naranjas la glorieta (1922) de la antigua Plaza de Armas, y el Palacio de Gobierno (1935), cuya corona roja reina a su antojo sobre la techumbre cienfueguera.

 

              A lo largo del Paseo del Prado, columna vertebral de la ciudad, pueden observarse otras muestras de menor rango, mientras en el extremo sur desde la exclusiva barriada de Punta Gorda enfilan al cielo sus cúpulas los palacetes de Acisclo del Valle (1917), la familia Trinidad (1925) y el otrora Cienfuegos Yacht Club (1920).

 

              El arquitecto Irán Millán, alma de la restauración del centro histórico, elogia la labor de aquellos hasta hoy anónimos maestros de obra catalanes, que trajeron consigo los secretos del buen hacer para que Cienfuegos trascendiera en el tiempo como la capital cubana de las cúpulas.

 

              En esta ciudad, novia eterna de su manso mar, el forastero en vano intentara encontrar émulos del majestuoso domo de la iglesia de San Lorenzo del Escorial, atalaya de 95 metros que domina la meseta castellana, ni nada parecido a la monumental y romana Basílica de San Pedro, epicentro del catolicismo universal.

 

              Tampoco hallara algo semejante al parisino hotel de Los Inválidos, cuya bóveda de 107 metros cobija la tumba de Napoleón Bonaparte, y mucho menos conjuntos cupulares como los del Kremlin moscovita o la Basílica de San Antonio de Padua (Italia).

 

              Aquí simplemente la pupila recién llegada archivara para siempre esa docena de torrecillas, cuya piel roja, dorada y azul, cuando siente las caricias o el castigo del sol realza el brillo de una perla caribeña, villa decimonónica ordenada y pulcra, que las suma al concierto de su gracia arquitectónica.

 

 

Tomado de: El Nuevo Fénix

 

 

Vuelve a la vida el antiguo Cienfuegos Yacht Club

Cienfuegos

 

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