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El Arco de los Obreros, en Cienfuegos Mensaje perenne por la Patria y la Cultura Por:
Octavio Pérez Valladares
Estos
últimos son: el situado en lo alto de
los Campos Elíseos, construido en 1806 por encargo de Napoleón Bonaparte
y uno de los monumentos más emblemáticos de París y otro ubicado en Rímini,
ciudad
portuaria en Italia central. Los
antecedentes del Arco de lo Obreros, en Cienfuegos, se remontan a las
reuniones que organizaba el club patriótico “Cubanita”, que funda y
preside Rita Suárez del Villar a partir del 3 de mayo de 1896. Este
selecto grupo se reunía frecuentemente, desde abril de 1902, con Martina
Torralbas, Elvira Reyes viuda de Cárdenas y otros patriotas en la casa de
Antoñica Clark, con el fin de cambiar impresiones acerca del programa de
festejos que se estaba esperando con el motivo del advenimiento de la República
de Cuba, el 20 de mayo de 1902. En
uno de esos encuentros se conoció la proposición de Antonio Ferrer,
maestro de obras, de erigir un Arco de Triunfo en nuestro parque central y
antigua Plaza de Armas, para perpetuar así la memoria de los obreros que
se habían ofrecido a construirlo gratuitamente, en homenaje a la República. Esta
idea tomó fuerza y tuvo la cooperación de todos los cienfuegueros.
Hicieron los planos y escogió el lugar, donde se levantaría, que fue en
definitiva la parte central al oeste del parque, donde se había erigido
sobre un alto pedestal uno de los dos leones que están hoy sobre
pedestales mucho más bajos frente a la calle Santa Isabel. Ese
era el final del Paseo de Serrano, construido en 1860 por el gobernador
local, coronel José de la Pezuela, el cual consistía en una faja de
losas de Bremen, de unos doce metros de ancho, que se extendía por el
centro del parque, desde dicha calle Santa Isabel hasta la de Bouyón. En
abril de 1902 y con el respaldo de la Asociación de Albañiles y el
gremio de Estibadores, en cuyo seno se debatió originalmente la idea
propuesta por Antonio Ferrer a la Comisión Organizadora de los Festejos,
inició el laboreo y preparación de los cimientos, a cuyo efecto se nombró
un grupo de maestros de obras de los más competentes de la ciudad, aunque
los trabajos en firme no comenzaron hasta el 1ro. de mayo. Intervinieron
como maestros carpinteros, desde el principio: Rafael Rodríguez, Pancho
Vives y Manuel Capellá. Diego Clark Domínguez, que en 1873 había
establecido en Cienfuegos una excelente fundición, llamada “Damují”,
para atender los numerosos trabajos de ese giro para el centenar de
ingenios que existía entonces en la jurisdicción de Cienfuegos, obsequió
a la Comisión todas las letras y demás tareas de fundición que fueran
necesarias para que el Arco de los Obreros alcanzara el mayor lucimiento. Estas
obras de fundición estuvieron directamente a cargo de los maestros en la
materia: Francisco Vazo y Santos Fernández, bajo la supervisión de Clark
y de la Comisión Organizadora de los Festejos. Otros simpatizadores de la
idea de levantar esta obra dedicada a la posteridad, contribuyeron con los
materiales requeridos y los objetos ornamentales, que la harían resaltar
como monumento artístico. Hay
que recordar que los afiliados a instituciones mencionadas, lo mismo que
los de las sociedades de instrucción y recreo, las de profesionales y las
de industrias y el comercio, cooperaron, unos con dinero, otros con
obreros, en trabajo personal y los demás con materiales, además de
hacerlo directamente los organismos a que pertenecían. También
ayudó con entusiasmo el pueblo en general, de modo que ese Arco, que
adorna nuestro parque José Martí, es no sólo un símbolo patriótico,
sino también el testimonio de la generosidad de todos los cienfuegueros. El
Liceo, presidido por el doctor Gabriel Granda y el Casino Español que tenía
al frente a Luis Armada, fueron de los que más contribuyeron a
hermosearlo. En lo alto del Arco fueron colocadas tres astas de banderas y
se izaron en ellas, al ser inaugurado: la cubana, como símbolo de la
libertad; la de Cienfuegos, expresiva del amor al terruño, y la de los
obreros, que era roja con tres 8 al centro,
lo que significaba la máxima aspiración de los obreros de entonces: -8
horas de trabajo. -8
horas de descanso. -8
horas encaminadas al acrecentamiento de la Cultura. En
el frontispicio se le grabó un escudo, que en lo fundamental es el mismo
que se usa actualmente, con la única diferencia de que está flanqueado
por cuatro banderas cubanas plegadas, dos a cada lado, pero que tenía
también algo alejados de las banderas hacia el exterior los clásicos
ramos de encina y laurel. Al
colocarse la primera piedra de su base, se depositaron en ella, en un
estuche, joyas y monedas de oro y plata, entre las primeras un pulso de
Anita Fernández Velazco, que fue confinada en Cienfuegos por las
autoridades españolas el 20 de abril de 1870 y aquí fundó una de las
mejores escuelas para señoritas, que ha existido en nuestra ciudad. Este
pulso, que era de oro, le había sido regalado por su prometido, el después
general de brigada del Ejército Libertador Carlos Roloff, de origen
polaco. También se colocaron en aquel estuche varios periódicos del día,
como era costumbre en aquella época. Como
la labor fue siempre inaugurar el Arco el día 20 de mayo y se deseaba que
los trabajos se hicieran meticulosamente en obsequio de su mayor
apariencia y su más larga duración y el tiempo de que se disponía era
poco, hubo que trabajar en la obra de día y de noche, sobre todo en los
últimos días. La
Compañía de Electricidad, por entonces de la familia Font y algunos
asociados más, prestó servicio gratuito para levantar en tiempo el patriótico
monumento. A pesar de ello los trabajos no terminaron hasta las tres de la
madrugada de la noche del 19 al 20 en el mes de tal festejo. El
20 de mayo de 1902, el Ayuntamiento celebró su sesión en la forma
habitual, pero tuvo que aplazar algunos asuntos para una próxima reunión,
con el fin de concurrir hasta el parque y proceder a la recepción por el
Municipio, del Arco levantado. Ya
inaugurado el momento con la solemnidad que el caso requería y con una
asistencia excepcional de público, el Ayuntamiento volvió a reunirse el
siguiente 30 de mayo y acordó conceder un diploma a cada uno de los
obreros que lo construyeron en sustitución de las medallas de oro que se
proponía entregar, debido a que el capítulo correspondiente del
presupuesto carecía de los fondos necesarios para ello. Los
padrinos de la ceremonia de la inauguración del Arco fueron Anita Fernández
Velazco y Antoñico Argüelles, ambos patriotas distinguidos por sus
sacrificios a favor de la libertad de Cuba y muy estimados en nuestra
sociedad por la recta trayectoria de sus vidas. El
4 de abril de 1954 el Ayuntamiento acordó adjudicar sendos diplomas a los
tres trabajadores supervivientes de los que laboraron en la erección del
Arco de los Obreros, en Cienfuegos, que eran: José Candelario González,
Fernando Alvarez "Margallo" y Pablo Capellá. La
memoria no cede ante el tiempo huido Al
caer la tarde y ante el Arco de los Obreros, el concierto de las 1000
voces se desarrolló el 21 de diciembre del 2000 en el parque José Martí,
para corroborar que la memoria no cede ante el tiempo huido. El
Centro Provincial de Cultura Comunitaria, propició la participación de
los coros infantiles y juveniles de la provincia y ahora se agregó en el
Arco de los Obreros la tarja donde se dice: “Siéntate donde se canta,
porque la gente mala no tiene canciones”, lo cual acuñó Cuca Rivero,
destacada figura de la Cultura Nacional, que ha dedicado su vida a la
educación de niños y jóvenes. Dentro
de la tarja, donde afuera además reza: “ábrase el 21 de diciembre del
2100”, están las partituras del repertorio de los coros de nuestra
provincia y las firmas de todos los participantes en esta gran cantoría.
En su interior, junto con tal documentación, se puso agua de ese día y
luego se selló. Esta
vez se une a la disposición de ver a la Patria como altar para el
sacrificio, el de no perder jamás la memoria, pues este recuerdo pretende
garantizar que las nuevas generaciones no pierdan, puedan cantar y
reproducir los repertorios de Marras y que así se mantenga por siempre la
Cultura Coral de Cienfuegos. Se
escoge al parque José Martí para el gran concierto o cantoría gigante,
por ser ese sitio histórico y escenario de grandes acontecimientos, al
tiempo que cuenta en su entorno con la Catedral, donde el padre Urtiaga,
fundó la primera coral que existió en la muy bien llamada Perla del Sur. La
ciudad marinera, sus habitantes, y los de la provincia toda, pueden sumar
a sus exclusividades sobre otros territorios hermanos: ser siempre fiel a
la memoria ante el embate del tiempo huido, ese que generalmente acarrea
el olvido. Agradecimientos: Para
la licenciada María Dolores Benet León, especialista del Centro
Provincial de Patrimonio, en Cienfuegos. Para
la Instructora Belquidia López Fundora, Metodóloga Provincial de Música. Tomado de: Radio Ciudad del Mar. http://www.rcm.cu/
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