APUNTES ACERCA DE LA HISTORIA TEATRAL CIENFUEGUERA

 

APUNTES ACERCA DE LA HISTORIA TEATRAL CIENFUEGUERA

Por: Doris Era González

              Cienfuegos es una de las ciudades de Cuba que ha tenido una de las más ricas historias en cuanto al desarrollo del movimiento teatral se refiere, y esto no es casual, porque esta ciudad fundada por un núcleo integrado esencialmente por colonos franceses bajo la égida del General de los Reales Ejércitos Luis Juan Lorenzo D’Clouet, al servicio de la Corona Española, el 22 de abril de 1819, logró marcar su impronta en la cultura desde los primeros tiempos de su fundación. Ciudad principalmente formada por comerciantes por poseer uno de los puertos de Cuba de mejores condiciones al sur de la Isla, ubicada en una zona azucarera y con la existencia del ferrocarril desde mediados del siglo XIX (1851), esta ciudad sureña de exquisito gusto donde el origen galo marcó su huella en muchos aspectos, alcanza un desenvolvimiento vertiginoso en el aspecto cultural y en todas las manifestaciones artísticas –la música, la literatura, las artes plásticas, el fomento de la imprenta y todo lo que esto implica- y, por supuesto, el teatro sería una de las manifestaciones más destacadas. Este desarrollo cultural se alcanza ostensiblemente a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

              Después de desaparecido el Teatro Isabel II, en 1859 Luis Martínez Casado construyó un teatro provisional de verano, pero al terminar su primera temporada en la que se interpretaban piezas líricas y dramáticas, fue desmantelado. Poco tiempo después, Martínez Casado construyó otro teatro mejor y más amplio, aunque también de madera, que fue inaugurado el 12 de abril de 1860. Este año resulta significativo en el ámbito teatral cienfueguero, ya que fue cuando se estableció en Cienfuegos la eminente dramaturga Gertrudis Gómez de Avellaneda y se inaugura el teatro Avellaneda en Prado y Argüelles, con la tragedia Alfonso Munio de esta autora, interpretada por aficionados locales en presencia de Gertrudis. El fundador de este teatro, el actor Luis Martínez Casado, publicó poco después en un periódico manuscrito llamado El Apuntador ciertos comentarios para estimular a los grupos de aficionados locales. Esto nos demuestra el auge que ya había alcanzado el movimiento teatral en la ciudad. La presencia de La Avellaneda en Cienfuegos se debió a que su esposo, el Coronel Domingo Verdugo, era el Teniente Gobernador local y este hecho estimuló las presentaciones teatrales en la ciudad.

              En la década del sesenta del siglo XIX se producen algunos sucesos teatrales dignos de mención como en 1872 el estreno mundial del pasaje histórico El Monasterio de Yuste de Rafael Villa, que era un español residente en Cienfuegos, y en 1873 el estreno mundial del drama histórico La Dama de Carlos V, también de Rafael Villa, en el Teatro Avellaneda. En febrero de 1879 fue erigido un pequeño teatro denominado La Risa en la calle Bouyón, pero después de ofrecer algunas funciones de escasa importancia cerró sus puertas.

              El 23 de febrero de 1882 se inaugura el Teatro de la Zarzuela en Bouyón entre San Fernando y Argüelles, pero al poco tiempo fue derribado este teatro por las autoridades españolas. El 23 de octubre de ese mismo año fue autorizado Miguel Santos para construir otro teatro, también provisional, en el lugar donde funcionaba un salón de patinar, en San Carlos entre Santa Isabel y San Luis. Se inauguró con el nombre de Pabellón Campo el 2 de diciembre siguiente, con una función dramática a cargo de la compañía de Pablo Pildaín.

              En febrero de 1886 se abrió otro pequeño teatro – el Zorrilla- con la presentación de la compañía de bufos de Mellado, y poco después otro más, el Variedades, con la compañía de zarzuelas de Alpuente.

              Por esta época es ya notorio el gusto teatral que se ha ido arraigando en los cienfuegueros de entonces, que se habían acostumbrado a salir de noche a la calle y a disfrutar de los espectáculos públicos. La actividad teatral creciente y lo que representaba en el orden económico este auge cultural lo confirma el hecho de que en 1886 se inaugura otro pequeño teatro con el nombre de Cervantes , lo que elevaba la cifra a cuatro teatros en la ciudad, aunque pequeños, pero que funcionaban en una población que apenas llegaba a los quince mil habitantes.

              Don Tomás Terry fallece en París y al año siguiente, en 1886, vienen a Cienfuegos sus hijos Francisco y José Emilio para distribuir entre los herederos la fortuna que les legó. En esa oportunidad cumpliendo la promesa de su padre separan cien mil pesos para construir un buen teatro, el cual quedó terminado en 1889 e inaugurado la noche del 12 de febrero de 1890. Esta es una fecha de gran significación para la cultura local, por lo que ha representado este teatro donde han actuado en los ciento once años que tiene de fundado, las glorias del arte local, nacional e internacional, lo mismo en la escena y en la música que en la danza. Por este coliseo han desfilado las más sobresalientes compañías de teatro, ballet y ópera de los siglos XIX y XX, así como famosos solistas. Por mencionar algunos: Luisa Martínez Casado, Esperanza Iris, Enrico Caruso, Arquímedes Pous, Jorge Negrete, Alicia Alonso y su compañía de ballet, Antonio Gades, Joan Manuel Serrat y tantos otros. Operas, operetas, zarzuelas, dramas, comedias, grupos danzarios cubanos y extranjeros han desfilado por su escenarios junto a las mejores compañías teatrales.

              La noche de la inauguración del Teatro Terry, ubicado en el mismo lugar donde antes estuvo el Isabel II, se presentó la sinfonía de la ópera Marta a cargo de una orquesta dirigida por el profesor Rafael Palau. El crítico Aniceto Valdivia recitó unas décimas dedicadas a Cienfuegos y el poeta Diego Vicente Tejera declamó su poesía La hamaca. Los hermanos Terry recibieron un álbum de las autoridades locales como testimonio de gratitud de la ciudad y se dio lectura al acta de inauguración del Teatro. El músico Laureano Fuentes compuso una oda sinfónica especialmente para esa ocasión, que fue interpretada magistralmente. Después, el pianista José Manuel (Lico) Jiménez interpretó una rapsodia de Liszt y otra de su inspiración, y luego la orquesta deleitó al público con dos Marchas Triunfales, una del propio Lico Jiménez y otra de Rafael Palau. Seguidamente se presentó un proverbio dramático de Isaac Carrillo, a cargo de aficionados locales, y la niña Ana María de Mármol ofreció el monólogo Pobre María de Echegaray. La ceremonia concluyó con el orfeón de Cienfuegos que interpretó el himno La gratitud con letra del historiador Enrique Edo y música del maestro Palau. Cerró el espectáculo el Orfeón Glorias de Galicia que interpretó la melodía El mar.

              Dentro de las artes escénicas cienfuegueras debemos destacar otro suceso significativo, la inauguración del teatro Luisa Martínez Casado el 2 de septiembre de 1911, con la presentación de la compañía de Esperanza iris en la zarzuela La Viuda Alegre. En ese acto la famosa actriz dijo su poesía A Cienfuegos que fue muy aplaudida por el público. Este teatro cienfueguero también tiene una historia muy rica en famosas figuras que han desfilado por su escenario, entre ellas Graciela Paretto, Florentino Constantino, Lucrecia Bori, María Barrientos, la ballerina Ana Pavlova, Amelia Galli Curci, Hipólito Lázaro, Prudencia Griffel, Anna Filziú y Rosina Loti, entre otras, y muchos intérpretes famosos cubanos como nuestra Rosita Fornés.

              Si analizamos el desarrollo teatral aficionado en nuestra ciudad, apunta nuestro historiador Florentino Morales que antes de que se construyera el primer teatro en la ciudad se hacían representaciones teatrales por aficionados en algunas casas particulares de Cienfuegos. Y ya apenas en época del teatro Isabel II el movimiento aficionado local era considerable. Señala al respecto Enrique Edo : El gobernante de aquella época, el Brigadier Ramón María de Labra, animaba y secundaba a la juventud para dar funciones dramáticas de aficionados, destinándose los productos a obras públicas... También expresaba que dichas funciones eran respaldadas por el público de la ciudad que ya tenía cultura teatral por entonces, en la década del cuarenta del siglo XIX.

              Cuando se crean instituciones como el Liceo Artístico y Literario en 1847 en sus salones se inician clases gratuitas, entre ellas de declamación, impartidas por José Saínz de la Peña y Francisco Pobeda. Por supuesto que dichas clases contribuyeron al desarrollo teatral de la ciudad de entonces. Al respecto los historiadores Rousseau y Díaz de Villegas señalan: El día ocho de diciembre de 1853, la juventud de la Sociedad Filarmónica dio una gran función lírico-dramática en el Isabel II, para recaudar fondos a beneficio del hospital de caridad (...) estando la parte dramática a cargo del inteligente y laborioso José Ravella. Y agregan: ... la función resultó un espectáculo no sólo digno de aplauso sino de ser consignado en los anales de nuestra historia local. Estas afirmaciones nos permiten conocer que en un período tan lejano como a principios de la década del cincuenta en el siglo XIX, el hecho teatral ya tenía en nuestra ciudad bastante significación.

             Las sociedades de Instrucción y Recreo, de tipo cultural, que emergieron en la ciudad contribuyeron en mucho a acrecentar este interés por las artes escénicas. A fines de la década del 80 ya la Sociedad de Artesanos y la Filarmónica tenían su sala teatral y se presentaban allí grupos de aficionados, entre los que se destacaron Amparo Tellería y Ana Aguado Andreu. Esta última, soprano lírica, que llegó a ser conocida como La calandria cienfueguera, fue muy famosa después en Nueva York, donde conoció a José Martí y organizó veladas para recaudar fondos para la guerra necesaria.

              En las sociedades de personas de color como la llamada El Progreso se desarrolló también el movimiento de aficionados teatrales. Se registra que el 18 de febrero de 1884 presentaron en su escenario la comedia Mi secretario y yo de Bretón de los Herreros, en la que actuaron Nieves Acosta, Laureano Piry, Quintina Valle y Pedro Hernández, entre otros ; por lo que contribuyeron también al desarrollo teatral cienfueguero.

              La historia registra también la presentación de una función lírico-dramática en la sociedad El Artesano, en la cual se unieron los grupos aficionados de esta institución y los de El Liceo y El Casino Español la noche del 14 de octubre de 1888.

              Durante el siglo XX, en la década del diez el principal animador del teatro de aficionados en Cienfuegos fue el poeta Hilarión Cabrisas. En 1911 el Liceo organizó una sección filarmónica y de declamación para amenizar sus veladas. Por entonces Sabina Pagés, dueña de Cayo Loco, estimulaba a los jóvenes aficionados y les cedía para sus ensayos una glorieta que tenía en el Cayo. Entre esos jóvenes se encontraba el cienfueguero Arquímedes Pous, que después se convirtió en una figura teatral internacional muy famosa en el teatro vernáculo.

              Entre los años veinte y treinta del siglo XX los principales animadores del teatro aficionado en la ciudad fueron el cronista teatral Eduardo Sanz, Ramón Romero, Leonardo Delfín, Luis Insausti y Eduardo Chávez. Por esa época sobresalieron como aficionados Esther Hernández D’ Abrigeón, María Valcárcel, Oscar Cotera, Olga Solís y Esther Hautrive.

              Hay un suceso significativo en el panorama teatral cienfueguero en el año 1932. Por gestiones del profesor universitario Salvador Salazar se fundó el grupo artístico Asociación Literaria bajo la presidencia del Dr. Juan E. Calderaro. Dicho grupo presentó varias obras de alta comedia como Los Intereses Creados de Jacinto Benavente. Hasta entonces sólo se habían presentado en Cienfuegos por los aficionados juguetes cómicos y zarzuelas del género chico en su mayoría. Esta asociación también patrocinó conferencias acerca del teatro español y el teatro cubano, a cargo y bajo la dirección personal del doctor Salvador Salazar.

              Debemos señalar también que durante la década del treinta aparece por primera vez en la ciudad el teatro radial en la emisora CNHJ, que se inició por Luis Manuel Martínez Casado en un programa denominado Teatro del Aire donde se interpretaban obras dramáticas de la literatura universal. Entre los actores además de su director Martínez Casado figuraban Enrique Leiguarda, Ramón Romero, Antonio Mirete, Arnaldo Díaz y Virginia Rodríguez entre otros. También en esta emisora se transmitió el espacio denominado La hora católica, en el que se dramatizaron pasajes bíblicos e historias de santos, espacio en el que trabajó el actor Félix Puerto Muñiz.

              Poco después Luis Manuel Martínez Casado y su hermano Mario comenzaron a hacer teatro radial en otra emisora cienfueguera de entonces, la CMHX, que estaba situada en la calle Castillo entre Prado y Cristina. Allí tenían gran éxito artístico con las obras que transmitieron lo que hizo que esta emisora creciera en audiencia. Entre los que actuaban se encontraban Margot Torralba, Arnaldo Díaz y Rosalía Castiñeira.

              En la década del cuarenta en Cienfuegos continuó desarrollándose el movimiento teatral aficionado al mismo tiempo que los teatros Terry y Luisa seguían sentando pautas en sus presentaciones artísticas. La aficionada Maruja Dorado, ganadora del programa radial La Escala Artística de la CMHM, en un espectáculo muy elogiado por la prensa de entonces, ya que se celebró en el Teatro Terry y se transmitió por radio, sobresalió como actriz al presentarse interpretando la obra En cuerpo y alma de Manuel Linares Rivas.

              El 16 de abril de 1944 fue muy divulgada la actuación del cuadro dramático del Instituto de Segunda Enseñanza, que interpretó Abdala de José Martí en el Terry.

              Otro grupo teatral aficionado hizo su irrupción en 1945, dirigido por Antonio Mirete. En él figuraban entre otros, Carmen Vázquez, Rafael y Eugenia Alcázar, Lincoln George, Juan José Fuxá, José García y Mirete que era su director. Desde entonces y después de recibir varios cursos sobre teatro moderno en el grupo ADAD, el Teatro Universitario y el Patronato del Teatro en La Habana, Juan José Fuxá inició en esta ciudad una activa labor encaminada a promover el teatro de aficionados con obras de gran importancia, entre ellas obras de O’Neill, Ibsen, Chéjov y otras con una concepción teatral nueva. Este hecho tuvo gran significación para el movimiento teatral cienfueguero, porque en noviembre de 1949 logró que la Sociedad de Artes y Ciencias, presidida por Delia Cantero, patrocinara un curso de iniciación en el arte escénico dirigido por Fuxá y con la colaboración de Alberto García Menéndez y Arnaldo Díaz. Estos alumnos constituyeron el grupo Escuela de Arte (TEA) y después de presentar algunas obras se incorporaron a otros grupos existentes en la ciudad.

              La década del cincuenta aportó un enriquecimiento progresivo de la calidad del teatro aficionado al desarrollarse grupos tan importantes como el del Ateneo de la ciudad, cuya sección de declamación estaba dirigida por Juan José Fuxá, y por otra parte, el cuadro dramático que funcionaba en la Escuela Enrique José Varona, impulsado por el profesor Juan Olaiz y el locutor Armando Lamelo. El 23 de mayo de 1954, al inaugurarse el local del Ateneo en los altos del Teatro Terry, se presentó la obra El Patán de Antón Chéjov. El éxito fue tal que fue necesario repetir la obra. A partir de 1955 se presentaron Vidas privadas y La fiebre del heno de Noel Coward, El mejor fruto de Raúl González de Cascorro y otras que se extienden hasta 1963 entre las que sobresalen El rejoj de Baltasar, El marido de la viuda, La alondra, Petición de mano, Sobre el daño que hace el tabaco y Usted no es mi marido. Después de 1959 este grupo teatral estuvo dirigido por José M. Macías y Félix Puerto Muñiz.

              Tuvo tal importancia la presencia de este grupo teatral del Ateneo en las tablas cienfuegueras que cuando fue constituido el Centro Dramático de Las Villas el 9 de enero de 1963, el núcleo inicial de esta agrupación teatral, que se hizo en Cienfuegos y no en Santa Clara por la tradición en las artes escénicas de nuestra ciudad y la calidad de esta agrupación artística, pasó a integrar dicho Centro Dramático que siempre ha obtenido reconocimientos artísticos del público y la crítica en su larga trayectoria de treinta y ocho años.

              Debemos resaltar también la labor desplegada en la década del cincuenta por la emisora Radio Circuito Sur donde se transmitieron importantes obras dramáticas en su espacio La novela de las tres, en la que se recuerdan obras de la literatura como Doña Bárbara, La vorágine, La barraca, Marianela y otras adaptadas y dirigidas por Félix Puerto Muñiz.

              Después de 1959 el movimiento teatral cienfueguero crece aún más con el desarrollo de nuevas agrupaciones artísticas como el Teatro Guiñol de Cienfuegos, fundado en 1962 bajo la dirección de Manolo Avila. En 1988 se constituye el grupo de teatro experimental A cuestas y en 1989 el grupo de teatro guiñol Caña Brava. Después aparecen otras agrupaciones teatrales más recientes como el proyecto teatral My Clown fundado en 1999. Junto a esta evolución exitosa del arte escénico en Cienfuegos, el Teatro Terry continúa su historia colmada de presentaciones de prestigio que hacen que el panorama teatral cienfueguero vaya en ascenso.

              En este estudio realizado sobre el fenómeno teatral cienfueguero podemos ver cómo ha ido creciendo la manifestación de las artes escénicas en nuestra ciudad, paralela al desarrollo económico alcanzado y al esplendor logrado en otras manifestaciones de la cultura.

              Analizando este hecho de que en nuestra ciudad tan tempranamente se haya manifestado el gusto por el teatro, la danza y el bel canto, mantenido a lo largo de su historia, y que en el siglo XIX y el XX las principales figuras del mundo y las compañías más prestigiosas que visitaban nuestro país tuvieran interés por presentarse en Cienfuegos, debemos comprender que esto no es un suceso aislado sino que forma parte de un proceso lógico, concatenado, en una ciudad cubana que se destaca por muchos elementos que la han caracterizado desde las primeras décadas de su existencia.

              Esta es la ciudad de las calles rectilíneas, de las aceras anchas con amplios portales en las principales avenidas, de la arquitectura neoclásica que a veces se vuelve art nouveau o en ocasiones art déco. La ciudad de las rejas de hierro trabajadas en sus ventanas, puertas y guardavecinos, del gusto por los jardines, de la simetría de sus parques, del culto a las figuras locales destacadas erigidas en monumentos. Del Himno que proclama la Fe, el Trabajo y la Unión de sus fundadores, de la bandera y el escudo, de la marilope, símbolos que no tienen nada que ver con el chovinismo ni el localismo vanos. La ciudad de sus grandes poetas: Clotilde del Carmen. Mercedes Benet, López Dorticós, Florentino y Lourdes; de sus oradores gigantes como Miguel Angel de la Torre, Sopo Barreto, Osvaldo Dorticós y Carlos Rafael Rodríguez; de artistas plásticos como Mateito Torriente y Benjamín Duarte, o Montebravo, Cáceres, William o Juan Carlos; de su caricaturista Juan David; del coro del Padre Urtiaga; de compositores como José Ramón Muñiz que la inmortalizaron en su luna cienfueguera, la que enciende luceros en el litoral; de músicos como Rafael Lay que se imbricó con su orquesta durante décadas entre las mejores agrupaciones populares cubanas. De sopranos como Ana Aguado, Carmita González Falcón o Lutgarda Ordext, de actores como la gran Luisa Martínez Casado o el popular Arquímedes Pous, o ¿por qué no?, como Aida Conde. La ciudad de las escuelas de ballet durante todo el transcurso de su historia.

              Esta es la ciudad donde lo burgués no sólo significó poder económico, sino también creación del buen gusto, quizás influenciado por la presencia de mecenas de la cultura o figuras importantes de otras regiones, instalados aquí durante décadas, o por cierta huella francesa en su espíritu. Ciudad que atrae al visitante no sólo por su belleza, sino por el amor al terruño de los cienfuegueros, la limpieza de sus calles y el sentimiento de apego a sus tradiciones. Ciudad en donde por años se hicieron juegos florales para celebrar el aniversario de la ciudad, la conmemoración de Miss Cienfuegos y el banquete del cienfueguero ausente propugnado por El Ateneo. Ciudad de periódicos, revistas, emisoras y cines. Ciudad de instituciones culturales que no sólo se preocuparon por el disfrute de lo recreativo, sino por el permanente desarrollo cultural como el Liceo, el Casino Español y otras. Ciudad en donde el gran Federico García Lorca confesó sentirse como en su casa cuando la visitó; ciudad donde Samuel Feijoo se instaló una vez y creó aquí la mayor parte de su obra. Ciudad donde los cienfuegueros humildes como mi padre, cuando era muy joven, se gastó una buena suma para escuchar a Caruso en la cazuela del Terry, mientras otros más pobres se conformaron con escucharlo desde el parque. Ciudad del Prado más largo y hermoso de Cuba. Esta es Cienfuegos, la que al decir del Benny es la ciudad que más me gusta a mí. De ahí que en las artes dramáticas sea una de las plazas más fuertes de Cuba.

 

Tomado del: Centro Nacional de Investigaciones de las Artes Escénicas

calle 6 nº 111 entre 1ª y 3ª, Miramar, Playa. Ciudad de La Habana. CUBA.

 

Soldados Españoles Trabajando en los Ingenios Azucareros de Cienfuegos

Apuntes Históricos sobre el desarrollo de la cultura en Cienfuegos - por Florentino Morales Hernández. Vicepresidente del Ateneo - 1958. Cienfuegos >> EL TEATRO << 

Legado de teatrista cubano Arquímedes Pous permanece vivo

 

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