Teatro Terry: Joya de la Cultura Cienfueguera

 

Teatro Terry: joya de la cultura cienfueguera 

Por: Octavio Pérez Valladares

A Don Tomás Terry Adams le faltaron apenas cuatro años de vida para asistir al estreno de la obra que hoy perpetua su nombre en la cultura cubana y cienfueguera, sin ser él un hombre de las letras o las artes, sino uno de los hacendados esclavistas de origen venezolano más ricos de la Isla, que disfrutaba en París la fortuna exprimida por el látigo a la piel de los negros en sus dotaciones.

Tal vez fuera el ánimo de trascender más allá de las fronteras de la existencia terrenal o quizás en su alma de traficante de negros hubiera un resquicio para el disfrute de las bellas artes, el caso es que el sacarócrata, establecido en nuestra ciudad en los albores de la historia local, legó para la posteridad el teatro que lleva su nombre.

Aquella noche del 12 de febrero de 1890, cuando la orquesta del profesor Palace acometía los primeros acordes de la ópera Martha, los asistentes a la función inaugural del teatro Tomás Terry (TTT), muchos venidos en tren desde distantes puntos, fueron sin saberlo protagonistas del nacimiento de un monumento de la cultura cubana.

La edificación que señorea el ambiente neoclásico del actual parque José Martí estuvo lista en noviembre de 1889, pero su inauguración debió esperar por la llegada desde la Ciudad Luz de los herederos de Terry, pues por algo el finado esclavista había testamentado los 100 000 pesos empleados en la construcción del coliseo.

A partir de aquella noche de génesis y desde su estatua de mármol de Carrara, en el recibidor del majestuoso inmueble, el espíritu de Don Tomás ha visto desfilar a cientos de miles de cienfuegueros y foráneos, que vienen a beber en la fuente por excelencia de la cultura local.

Los tablones del escenario del TTT son mudos testigos del paso de hitos del arte universal o cubano, léase la francesa Sarah Bernhardt, el italiano Enrico Carusso, la rusa Ana Pavlova, Jorge Negrete, Alicia Alonso, Joan Manuel Serrat, Antonio Gades, Ernesto Lecuona y Silvio Rodríguez, entre otras luminarias del espectáculo.

La locación sirvió además de catapulta hacia la fama nacional a la actriz Luisa Martínez Casado y el actor Arquímedes Pous, los dos valores más representativos del arte escénico local, en los 183 años de historia cienfueguera.

El Terry es más que teatro. Resulta elemento indispensable en la narrativa arquitectónica de una ciudad que sigue enamorando a primera vista y al propio tiempo destaca como una sui géneris galería que atesora en muros y cielo raso los frescos del pintor madrileño-filipino, Camilo Salaya Toro, residente en Cienfuegos en el momento de la construcción.

La obra fue proyectada y diseñada por el ingeniero militar santiaguero Lino Sánchez Mármol, ganador del concurso convocado al efecto, quien apeló a un recurso estilístico propio de la época al concebir la ubicación de los palcos en forma de herradura.

Tres mascarones manufacturados en mosaicos de cerámica por la casa italiana de Salviatti, coronan la fachada del edificio, en alegoría a la comedia, la tragedia  y Terpsícore, la musa de la música.

El teatro Tomás Terry, es uno de los más elegantes edificios eclécticos de la ciudad de Cienfuegos, que conforman junto a los similares Sauto, de Matanzas; y La Caridad, de Santa Clara, la trilogía existente en Cuba de los teatros del siglo XIX.

Ubicado el Terry en el centro histórico urbano, frente al parque Martí, esquina a la avenida 56 y calle 27, su tipología se corresponde con la del llamado coliseo “a la italiana”, que se desarrolla en una sala con forma de herradura, donde el público se sitúa en cuatro niveles, pero siempre en relación frontal al espectáculo que se ofrece en el escenario.

Funcionalmente, la sala teatro con una platea-balcón, la tertulia y el paraíso.- La pintura mural que atesora el inmueble es obra del destacado artista madrileño-filipino Camilo Salaya Toro, que radicó en Cienfuegos.

El escritor cienfueguero Miguel Cañellas, director de la institución, aboga por celebrar cada cumpleaños de aquella función primigenia, cuando la batuta del profesor Palace escribió en el aire la línea inicial de la historia del coliseo.

A 112 años de distancia de aquel parto singular en una ciudad que siempre fue nido de la cultura, el TTT entregó este año su escena a Rosita Fornés, la vedette de Cuba, en uno de los momentos esenciales de la celebración, pero no el único.

     Por el influjo de los nuevos tiempos el teatro ya entró en el comercio electrónico, a través de su página en Internet http://www.azurina.cult.cu/, algo a lo cual el espíritu marmóreo de Don Tomás Terry trata de adaptarse.

 

Tomado de: El Nuevo Fénix

http://www.fenix.islagrande.cu

 

Arquímedes Pous

Cienfuegos, una Ciudad Ecléctica

 

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