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De
1899 a 1902 La
Intervención Americana Gobierno Interventor
Llegó
el día 1º de enero de 1899, día señalado para la entrada del Gobierno
de Cuba.
Y
descendió, al fin, la bandera española – que hacía ochenta años
dominaba la fértil zona de Jagua, ya que este año cumplía ochenta años
de fundada la primitiva colonia Fernandina de Jagua – como descendió de
todas las casas de gobierno y fortalezas de la isla entera al cesar el
gobierno tiránico de aquella España – después de haber ondeado por más
de cuatrocientos años en esta patria nuestra. En Cuba.
Pero
no fue la bandera de la estrella solitaria y el triángulo rojo y las
cinco franjas horizontales de los cubanos – que hacía más de medio
siglo que luchaban por la independencia – la que sustituyó al
<<guacamayo>> - como le decían entonces a la bandera de
aquella España – sino la de las barras y las estrellas de los
americanos – que hacía nueve meses que habían entrado en la brega –
y desde ese momento comenzó la intervención americana en Cuba y por lo
tanto en Cienfuegos.
En
este día 1º de enero de 1899, a las ocho de la mañana el Alcalde
Municipal Sr. Francisco Sánchez Mármol, hizo entrega de la ciudad y
propiedades del Estado, al comandante americano Dussemberry.
Durante
el año de 1898, en que se implantó y rigió en Cuba el régimen
autonomista, como hemos dicho en párrafos anteriores fue el Alcalde
Municipal de Cienfuegos, el Lcdo. En Derecho Civil Francisco Sánchez Mármol,
abogado que gozaba de gran prestigio y honorabilidad en el foro
cienfueguero. Fue un Alcalde modelo por su administración justa y honrada
y se destacó como un verdadero filántropo y amante de los pobres. A
favor de esta clase desvalida renunció su sueldo, y se afanó mucho en la
organización de cocinas económicas para que no faltase la manutención a
los menesterosos, principalmente a los infelices reconcentrados.
En
muy breve tiempo, y por sustitución de Dussemberry vino de Gobernador el
Brigadier Bates, y por renuncia del Lcdo. Sánchez Mármol ocupó la
Alcaldía el Sr. Pedro Modesto Hernández, que era quinto Teniente de
Alcalde. Nuevo Sacrificio de los Cubanos Evacuan los Últimos Españoles El
Asilo
El
Ejército Libertador acampó en distintos lugares fuera de la población,
pues también en regresar a sus hogares, tuvieron los cubanos, en aquellos
momentos nunca igualados, que esperar.
Acamparon
en Santa Rosa, hermosa finca inmediata a Cienfuegos y desde la ciudad hasta
ese lugar, se estableció una verdadera peregrinación. El pueblo en masa
acudió a congratular, a contentar, a recompensar en lo que pudieran de
las privaciones y trabajos y dolores sufridos a aquellos
centauros del derecho, tan abnegados que se conformaron con esperar hasta
qué las fuerzas españolas evacuaron la plaza.
La
familia cubana iba y venía a ellos sin parar; pero ¿qué sentimientos y
emociones experimentaban aquellas almas que sus semblantes reflejaban a
veces alegría, a veces dolor?
Era
que sentían los dos a las vez: alegría por ver a los que volvían, dolor
por no ver a los que no habían podido volver. Porque la familia
cienfueguera – igual sería en toda Cuba entera – estaba casi toda
vestida de negro. Unos habían perdido a sus padres, otros a sus hijos, a
sus esposos, hermanos, tíos, etc.
El
día 31 de enero el Brigadier Bates nombró Mayor de la Ciudad al Dr. José
Antonio Frías y Pérez. El Dr. Frías había auxiliado eficazmente a la
revolución con su hacer patriótico e inteligente.
El
día 5 de febrero evacuaron por Cienfuegos las últimas fuerzas españolas
que quedaban en Cuba. Salieron en el vapor Cataluña.
En
estos día se nombró el cuerpo de sanidad para atender prontamente a la
salud pública y se dedicó el edificio del antes <<Cuartel
Tarragona>>, a un asilo para recoger a los niños desamparados. La Llegada de Máximo Gómez a Cienfuegos
El
día 14 de febrero llegó a Cienfuegos, al frente de numerosas fuerzas del
Ejército Libertador, el Generalísimo Máximo Gómez, acompañado de los
Generales Alejandro Rodríguez, Francisco Carrillo, Javier de la Vega,
Higinio Ezquerra, Rafael Rodríguez Boza, Coronel Joaquín Rodríguez y
otros jefes y oficiales de las fuerzas cubanas.
Espléndido
fue el recibimiento que se hizo a tan valioso contingente con el General
Gómez a la cabeza. El pueblo engalanado, todo de fiesta. No faltaron las
mujeres ni los niños en aquel afán de vitorear al Caudillo, que llegó
amable, con su bandera de campaña desplegada al viento, llena de agujeros
causados por la metralla en la pelea; con sus colores pálidos pero
flotando alegre – como una convaleciente que celebrara fiesta por haber
triunfado de la muerte – y así venía aquella bandera de Máximo Gómez,
a celebrar la fiesta porque había triunfado de la muerte – porque ¿qué
cosa es vivir sin libertad sino la muerte?
Dos
días permaneció el Generalísimo en Cienfuegos y aunque venia algo
enfermo se celebraron grandes fiestas en su honor. También visitó a
Cienfuegos en estos días el General Quintín Bandera, uno de los más
bravos hombres que luchó por la independencia. La Entrada de las Fuerzas Cubanas
Llegó
el día 24 de febrero, aniversario del Grito de Baire ¿Qué había
sucedido durante la noche que Cienfuegos amaneció distinto a como había
anochecido?
Parecía
un juego de magia. Las casas estaban adornadas con guirnaldas y pencas,
habían arcos de triunfo, como los que se habían hecho para recibir al
General Máximo Gómez, flotaban banderas en todas partes, faroles chinos,
cintas, música; el pueblo en la calle - ¡ha, qué alegría hay cuando es
el pueblo el que celebra las fiestas! – el pueblo en la calle que se
dirigía, en la mañana, a la Calzada de Dolores. Pero, ¿qué iba a
suceder ese día?
La
familia Cienfueguera había pasado trabajando gran parte de la noche para
poner de recibo la ciudad.
Cienfuegos
se había engalanado, como se engalana, como se pone de fiesta una casa
para recibir al padre, al hijo, al hermano, cuando llegan de haber
cumplido un deber sagrado que los alejó por mucho tiempo. Cienfuegos
estaba de recibo aquel día porque aquella mañana haría su entrada
triunfal la Brigada de Cienfuegos.
Allá
van todos los clubs revolucionarios – que tanto les habían ayudado –
Allá van los gremios, todas las sociedades, los colegios, los carros
adornados y los coches con damas vestidas alegóricamente; allá los
cabildos y los ciclistas y el pueblo todo. Y hay cantos y flores que caen
sobre los que llegan llenos de bendiciones porque han cumplido su deber y
vuelven contentos porque han quitado de su pueblo el yugo de la tiranía. Y
entra la caballería gloriosa de 600 hombres al mando del bravo Teniente
Coronel Sixto Roque y el General Ezquerra – digno jefe de la brigada –
con su Estado Mayor valeroso – y el justamente afamado, regimiento de
infantería de Yaguaramas con su heroico jefe el Coronel Joaquín Rodríguez.
Uniéronse
todos en una sola manifestación y marcharon por varias calles hasta la
plaza de armas, en que se disolvió. Tres días duraron estas fiestas de
expresión, de santo y puro patriotismo.
El
día 25 bendijo el Párroco Clemente Pereira un monumento que se había
dedicado a los Mártires de Marsillán; pero no era el que hoy existe,
sino un obelisco y estaba situado más cerca de la playa, pues en aquella
época no había ni prado ni malecón; se celebró una velada en honor del
Ejército Libertador a beneficio de los huérfanos y viudas de los
soldados que habían caído luchando en la Brigada de Cienfuegos y se
constituyó el Centro de Veteranos de la Independencia, siendo su
presidente el Brigadier José B. Alemán. Grandes
Adelantos
Una
era de reconstrucción comenzó para Cienfuegos, como para toda Cuba. Una
era de vida nueva, nunca experimentada por el pueblo cubano. Ahora el
dinero que producía Cuba era para mejorar a Cuba, ya que no era para
enriquecer a los gobernantes ni para enviarlo a la Metrópoli, sino que el
Estado lo emplearía en el adelanto de la nación cubana. Ya no tenían
los vecinos que hacer recolectas para construir puentes ni para mejorar su
pueblo, porque es justo decir que el adelanto tan rápido e intenso que
había alcanzado Cienfuegos, lo debía en gran medida a los esfuerzos de
los propios cienfuegueros, en extremo caritativos y batalladores a favor
del adelanto. Así pues, con el bien de la libertad y la justicia,
progreso tanto que en poco tiempo estaba casi desconocido.
En
poco tiempo desaparecieron las epidemias y las infecciones, adelantándose
intensamente la instrucción pública.
En
todos los órdenes se adelantó en Cienfuegos y el gobierno interventor en
ello ponía empeño. Sin embargo, un hecho de injusticia y de sangre
turbaron los primeros meses de la intervención americana.
Había
en Cienfuegos la costumbre de celebrar los carnavales los días de San
Juan y de San Pedro, en junio, y Santiago y Santa Ana en julio. En esos días
el pueblo estaba de alegría, grandes comparsas de disfrazados recorrían
las calles, se celebraban bailes de disfraz en todas las sociedades. Los
monotusas, llevando muchas vejigas llenas de aire, perseguían a los
muchachos, que en pandillas muchas veces huían y otras cuqueaban al
disfrazado. Estos muchas
veces traían a otros compañeros que sorprendían a la turba con sus
vejigazos, resultando una escena divertida para los vecinos y un encanto
para los muchachos sorprendidos. También habían carrozas que ganaban
premios en paseos artísticos que preparaban las Comisiones de Festejos. Injusticia
Inicua
Uno
de estos días, una tarde de San Juan (24 de junio), cuando el regocijo
era mayor – ya que era la primera fiesta de ese género que se celebraba
después de terminada la guerra – tres soldados americanos promovieron
un escándalo en una casa situada en la calle de Santa Clara, cerca de
Paradero. Al escándalo llegó la policía, tratando de arrestar a los que
alborotaban; pero en el momento de efectuarlo, pasó por el lugar el Capitán
americano Fenton en su coche particular. Fenton detuvo el coche y a pesar
de la oposición de la policía hizo subir al mismo a los tres soldados,
alejándose rápidamente. Un policía trato de detener el coche y uno de
aquellos soldados – haciendo el mismo aprecio de la vida de aquel
hombre, que de la de una bestia – le hizo fuego cayendo el guardador del
orden al suelo atravesado por el proyectil.
Mientras
se desarrollaba esta iniquidad, otro hecho inconcebible tenía efecto. Un
piquete del ejército americano que custodiaba en el ferrocarril el dinero
para pagar al ejército cubano, se atrinchero tras una cerca rompió fuego
contra la ciudad, quitando la vida al Sr. Pablo Santa María que cruzaba
cerca, en un coche, llevando a su familia, y causaron lesiones a varias
personas más, sin pensar, los muy insensatos, que cuando a un hombre se
le ponen las armas en la mano para custodiar a un pueblo, es para
protegerlo y no para quitarle la vida.
Preciso
fue que el Mayor de la ciudad Dr. Antonio Frías y el General Ezquerra,
Jefe de la Guardia Rural que se habían organizado, despreciando el
peligro que corrían, se dirigieran al lugar de los hechos e impidieran
que los americanos continuaran las descargas. Estos sucesos ocasionaron
una protesta general contra la conducta de aquellos desalmados.
El
Gobierno Interventor y el Mayor, Dr. Antonio Frías pusieron gran empeño
en mejorar y hermosear la ciudad.
La
noche del 29 de diciembre ocurrió un hecho más de sangre, motivado por
un disgusto ocurrido entre el inspector de Sanidad Enrique Quintana y el
General Dionisio Gil, el que muy violentamente hizo disparos de revólver
contra un policía que había llegado al hecho. Esto dio lugar a la muerte
a tiros del general Gil, en la esquina de Gacel y Línea, ocasionando
disturbios y protestas entre el elemento de color, pues el General Gil que
era dominicano, era de color. Adelantos y Triunfos Primeras Elecciones Municipales y Presidenciales
El
día 24 de febrero, aniversario glorioso, se inauguró, celebrándose una
hermosa fiesta, un <<Museo Patriótico>>, de inapreciable
valor histórico, pues figuraban en sus colecciones, prendas queridas y de
tanta importancia como el Archivo completo del club revolucionario
<<Panchito Gómez>> y el pañuelo con que vendaron a aquel
muchacho heroico cuando cayó fusilado en la playa de Marsillán, Leopoldo
Díaz de Villegas. Otras joyas de no menos importancia formaban aquel
conjunto de verdaderas reliquias, que lograron reunir los incansables
patriotas miembros del <<Club Panchito Gómez>>, que dedicaban
sus actividades en el bien general auxiliados eficazmente por el Alcalde
Dr. José A. Frías y el Presidente de la Junta Escolar Sr,. Pedro M. Hernández.
Mas por causa lamentable algún tiempo después, fue trasladado del sitio
en que se hallaba (un aula de la <<Escuela Central>>) sin el
conocimiento de los señores mencionados, y nada pudo hacerse para que no
se perdiera aquella obra de cultura, enaltecedora para Cienfuegos.
Por
renuncia del Dr. Frías, ocupó la Alcaldía el doctor Leopoldo Figueroa.
En
abril se constituyó la Asociación de Maestros de Cienfuegos, bajo la
presidencia del Sr. Pedro Modesto Hernández, quien merece especial mención
por su constante labor en bien de la instrucción y adelanto de
Cienfuegos, no en esta ni en anteriores épocas, sino durante toda su vida
fecunda.
En
junio se efectuaron las primeras elecciones municipales resultando electo
el Dr. Leopoldo Figueroa.
Este
año, de muchos adelantos, se formó el Consejo Escolar, que atendió
admirablemente las escuelas; se nombraron inspectores escolares, se
organizó una excursión de maestros a la Universidad de Harvard, en los
Estados unidos; se estableció la Escuela Normal de Verano, con el fin de
mejorar los maestros, y al finalizar el año, se procedió a la composición
de las calles de la ciudad.
En
el año 1901 el Gobierno Interventor autorizó al Ayuntamiento para
utilizar las aguas del río Hanabanilla, para un acueducto; se fundó la
banda de música, se creó la Junta de Educación y, según se hacía en
aquella época, se celebraron exámenes de maestros (pues los maestros en
ejercicio tenían que examinarse todos los años) y se nombraron
profesores para la enseñanza del inglés.
También
se hizo un censo que arrojó 7.382 niños de edad escolar y el Consejo
Escolar y los maestros de Cienfuegos recibieron una felicitación del
Superintendente de las Escuelas Mr. Hanna, por su excelente labor.
Las
actividades políticas se intensificaron tanto para las elecciones de
Alcalde como para elegir el primer Presidente.
Militaban
los partidos <<Unión Democrática>> y
<<Republicano>> para Presidente postularon a los patriotas
Bartolomé Masó y D. Tomás Estrada Palma.
En
abril se efectuó la primer exposición escolar de las escuelas públicas,
mostrando unos trabajos que se enviaron a la Exposición Pan Americana de
Búfalo y que fueron premiados con medalla de oro.
A
fines de junio se celebraron las elecciones municipales, resultando electo
para Alcalde el Dr. Gonzalo G. Vieta y se organizó y mejoró el cuerpo de
policía.
Por
renuncia del Dr. Vieta fue proclamado Alcalde, en sección extraordinaria
en el Ayuntamiento, por el Gobernador provincial General José Miguel Gómez,
el General Higinio Ezquerra.
El
día 9 de septiembre se inauguró, con una gran fiesta, la escuela pública
<<José Antonio Saco>>, instalada en el edificio del Antiguo
cuartel <<Tarragona>>, dotándolas de los adelantos de la época.
Las
campañas políticas presidenciales se desarrollaron en armonía y el día
31 de diciembre se efectuaron las elecciones, resultando electo D. Tomás
Estrada Palma, que fue el primer Presidente de la República.
Los
primeros meses del año 1902 transcurrieron entre adelantos y entusiasmos,
pues solo se pensaba en que pronto se constituiría la República.
Se
aumentó el profesorado de las Escuelas Nocturnas de Obreros; se nombró una
comisión para instalar una planta eléctrica y un servicio de automóviles;
la Junta de Educación del Distrito Urbano de Cienfuegos volvió a ser
premiada con Medalla de Oro en la Exposición Provincial de Agricultura e
Industria que celebró el <<Liceo>> de Santa Clara, por las
labores escolares presentadas. Visita de D. Tomás Estrada Palma Gran Patriotismo de Bartolomé Masó
En
la mañana del 6 de mayo llegó a Cienfuegos, a bordo del vapor
<<Julia>>, el elegido para ser el primer Presidente de Cuba
libre, D. Tomás Estrada Palma.
Grande
fue el entusiasmo que experimentó el pueblo cienfueguero con esa visita
de Don Tomás (como se le decía al prócer cubano). Muchas fiestas se
organizaron en su honor. Hubieron iluminaciones, bailes, retretas, lunch
en el Ayuntamiento; el que en breves días sería el presidente, querido y
respetado por todos, fue obsequiado por los obreros de la ciudad con un
espléndido banquete, en el que reinada el amor, la fraternidad, la
confianza de unos en otros y de todos en el presente y en el provenir. Allí
como en las demás fiestas, se hicieron brindis sinceros por la felicidad
de la república y de todos los cubanos.
Y
llegó la hora de la partida. Allí estaba Don Tomás, rodeado por todo el
pueblo de Cienfuegos, sin culpas ni temores; de pie en la plataforma del
tren, con su sombrero en la mano, saludando lleno de felicidad a todo un
pueblo que se sentía dichoso, porque era libre, porque no existían odios
entre unos y otros, porque el noble General
Bartolomé Masó y el patriota vencedor, D. Tomás Estrada Palma,
se habían unido en un estrecho abrazo a su llegada a Bayamo, pensando
solo que iba a constituirse la República de Cuba. Y ese ejemplo hermoso
fue seguido por el pueblo todo, que se estrecho fraternalmente para
recibir la República – como se contenta la familia cuando después de cruentas
angustias y sacrificios compra por fin la casa que será de todos. Así
esperaban los cubanos su República, como la soñó Martí: <<Con
todos y para el bien de Todos>>.
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Costumbres de Pasear en Cienfuegos - escrito por: Alfonso Cadalzo Ruiz |