20 de Mayo de 1902

 

20 de Mayo de 1902

Constitución de la República de Cuba

Felicidad General del Pueblo Cubano

 

Día  por siempre memorable es esta fecha gloriosa; 20 de mayo de 1902. Si se piensa en los hechos ocurridos desde los comienzos de  la fundación y desarrollo de esta Ciudad de Cienfuegos. Si pensamos que muchos pueblos de la Isla sufrieron, no una, sino cien veces mas que esta sociedad cienfueguera. Si pensamos  en los esfuerzos realizados, en las angustias y dolores que afectaron de un modo general a esta sociedad, comprenderemos lo que fue para los cubanos este día 20 de mayo de 1902.

Hay que retroceder varios días para ver ya a los cubanos preparando la fiesta.

Todo parecía poco a los cienfuegueros; recepciones, bailes, fuegos artificiales, cucañas, arcos de triunfo, serenatas, carreras, iluminaciones, retretas, etc. Así en estas faenas de ventura iban transcurriendo los días, los días que pasaban dejando cada vez más cercano el momento ansiado que hacía latir con fuerza los corazones.

Llegó el día 19 de mayo---¿Qué significaba este día para los cubanos?

El dolor más grande y más fecundo. Hay misterio de providencia en aquel dolor que quitó dolores, en aquella muerte que dio vida, en aquel cuerpo que cayó y que aun se levanta ante nosotros; en aquellos labios que se callaron y que aún nos hablan, en aquel Maestro que ya no existe y que nos enseña todavía; en aquellos ojos que se cerraron y que desde la eternidad nos miran, y su mirada nos da fe, porque él la tuvo; la tuvo en sí y en su pueblo porque la tenía en lo justo de su empeño. La sangre que broto aquel día de un cuerpo humano fue como la fuente  de agua pura que el Hacedor, misteriosamente, hace brotar para fecundizar el suelo y calmar la sed que abrasa; así aquel manantial de sangre pura, que brotó al contacto de las balas enemigas, fecundizó los anhelos de su propio pueblo y calmó aquella sed abrasadora de independencia porque se debatía desde medio siglo atrás.

Cienfuegos conmemoró aquel día con religiosa unción

Para que el día amanezca, es preciso que la noche transcurra. Aquella noche se cerró en silencio. 

¿Cómo iba a amanecer el día?

Un viernes memorable en la Historia de la Humanidad (el Viernes Santo) con el fin de una vida se cerró una noche silenciosa y amaneció un Sábado de Gloria, un Domingo de Resurrección.

Aquella noche del 19 de mayo  se cerró silenciosa. Llegó la media noche. El gran reloj de nuestra catedral sonó la campanada final – como un mensaje que ascendiera desde la humanidad hacia el eterno... Y ¡ya amaneció el Día de Gloria!, ya se oyen las campanas al vuelo tocando ¡Aleluya! Ni una sola campana dejó de repicar, ni un solo silbato dejó de sonar en la bahía, y se reventaron cohetes y petardos y atronaron los disparos – como si quisieran que la humanidad escuchase el clamoreo que anunciaba el amanecer de un día más de libertad en el mundo. Y los voladores elevando sus penachos de fuego al espacio, semejaban como unos brazos que se alzaban en la noche hacia el Altísimo, en señal de reconocimiento y gratitud.

El pueblo entero estaba en la calle, estaba en la plaza; en los salones estaba el pueblo de Cienfuegos que no sabía donde parar; el gozo lo tenía inquieto... Y amaneció el día veinte.

Nunca la salida del sol fue más esplendorosa, nunca el día amaneció más hermoso.

Dios mismo parecía regocijado con la felicidad de los cubanos y nos enviaba con su sol un mensaje de luz maravillosa.

Pasaron las horas de la mañana entre fiestas, músicas y flores; aquí había una reunión, allá una exposición artística, en otro lado una parada, una recepción y muchos espectáculos más.

No se puede pensar en este día sin recordar a D. Miguel González, el patriota sin límites que gastó su fortuna, que deshizo su tienda en dones para la revolución redentora. El representó con entusiasmo grande en su casa, la Casita Criolla y el campo en que se había hecho la libertad de todos, para festejar ese día.

Siguió el sol su marcha aparente en nuestro cielo. Ya llegó el cenit, son las doce del día más feliz de Cuba. Hombro con hombro, cabeza con cabeza, así llenan los cienfuegueros las aceras, las azoteas, los portales, la plaza de armas porque rodean  al Ayuntamiento. Todos quieren experimentar la emoción de ver izar por primera vez la bandera cubana en el asta de nuestra casa de gobierno.

Vibraron sonoras notas del Himno Nacional de los Americanos que, entregaban las riendas del Gobierno a los cubanos, mientras descendía la bandera de las barras y las estrellas, la bandera de la patria de Washington y de Lincoln; la bandera americana.

Una conmoción sacudió aquella muralla humana que se apretaba. Unida en un mismo sentimiento.

Agitáronse en los pechos los corazones, rompió el silencio la música, conmovedora en aquel momento, del Himno de Bayamo; y apareció resplandeciente de luz de gloria, en ascensión triunfal al aire libre de la patria regocijada, la bandera de los cubanos.

No hay palabras para expresar el sentimiento, cuando un pueblo entero vibra de felicidad y late emocionado con un solo corazón.

El clamoreo de esta hora fue más conmovedor que el de la noche, porque no era producido por aparatos artificiales; eran voces humanas las que atronaron el espacio alzándose hasta el máximo de sus fuerzas y cuatro palabras se elevaron de continuo durante la inolvidable ascensión: ¡Viva ... Cuba... libertad... independencia!

Rostros bañados de lágrimas y, sin embargo, el grito era de gozo; y sombreros que se alzaban y pañuelos agitados al viento y brazos que se elevaban en movilidad constante.

Momentos de ventura suprema para este pueblo. ¡oh! Cristo de la redención cubana, ya es el día de la resurrección. El ideal de la bienaventuranza que contigo cayó en Dos Ríos, acaba de resucitar. Ya tu República está constituida, ya tu pueblo tiene libertad. Así saludaron los cubanos la República.

Tres días duraron las fiestas de la constitución de la República.

Fiestas brillantemente organizadas por el Alcalde, General Higinio Ezquerra y una comisión de buenos cienfuegueros que se esforzaron por festejar la gloria del gran acontecimiento.

Merece especial mención el Arco de Triunfo que los obreros de Cienfuegos dedicaron a la República en este día 20 de mayo de 1902 y representa una ofrenda que el trabajo hace a la realización de un ideal, de una pasión bienaventurada – que es el patriotismo – que triunfa, a un esfuerzo común en bien de todos.

Ese Arco simboliza una trilogía de gracias que hermanadas, pueden constituir la felicidad humana, la idea elevada, el sentimiento de bondad, el trabajo beneficioso. Creo que todo cienfueguero que se acerque y cruce por su arcada, debe sentir dos emociones, dos sentimientos distintos que nacen de diferentes ideas:

Uno que será como plegaria, que arrastrando el recuerdo del día de la libertad, abarque la vida de nuestra República y se eleve, anhelante de esfuerzo, de trabajo, para forjar en el yunque de la Dignidad el ideal que la mente, así elevada, conciba. El otro, de consideración y respeto por los obreros, esos constructores admirables sin los cuales no habrían fábricas, ni pueblos, ni naciones ni nada <<porque el trabajo es ley de Dios>>

Y comenzó Cuba su vida de república independiente. Jamás pueblo alguno adelantó tan intensamente en tan corto tiempo como este pueblo cubano. La felicidad se respiraba en todas partes y era un maravilla vivir en Cuba.

Atendido el país, se obtuvo una producción asombrosa, y en todos los órdenes, el progreso se desarrollaba sin interrupción, sobre todo en Sanidad y Beneficencia y en Instrucción Pública. <<Más maestros que soldados>>. Fue el lema del Primer Presidente, y así se cumplía.

La tranquilidad era completa. Desapareciendo la miseria de nuestro país con el trabajo de todo un pueblo; y de 904 escuelas públicas que dejó el gobierno español en toda la Isla, se aumentaron a 3.712 en poquísimo tiempo.

De todos estos adelantos participó Cienfuegos que, con la fertilidad de sus tierras y la excelencia de su puerto, comenzó una era de transformación favorable en todos sentidos.

 

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